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Así Nos Conocimos 26 de Enero de 2019

El amor, la medicina perfecta para Andrés y Orieta

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Foto: Orlando Amador

Esta pareja contrajo matrimonio hace nueve años y asegura que el cimiento de su relación es confiar en Dios, aceptar al otro con sus virtudes y defectos, y estar sincronizados con los sueños y aspiraciones.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo
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¿De amor la gente vive? Es el interrogante al que algunas personas podrían darle un no como respuesta. Pero para el cirujano general Andrés Medrano y  la médico general Orieta García, “las parejas sí pueden vivir de amor”. 

Los nueve años que han experimentado como esposos han sido suficientes para que hasta el momento tengan una noción clara de lo que es la vida en pareja y una idea sustentada bajo la premisa de que “el amor todo lo puede, todo lo soporta, es bueno y no es jactancioso”.

Y bueno, como todo en la vida, esta historia también tiene un inicio. Se dio en el 2007, justo cuando los dos, antes de recibir sus títulos como profesionales de la salud, hacían el año de internado médico en el Hospital de Barranquilla. 

“Nos conocimos en ese lugar, pero yo no le prestaba mucha atención. De un momento a otro empezamos a hablar más de lo normal y salíamos juntos como amigos. En esos instantes en los que compartíamos, empecé a sentir muchas cosas por él. Él me decía en repetidas ocasiones que yo llegaría a ser la mamá de sus hijos; pero, como yo era y sigo siendo cristiana, le respondía que no, pues yo tenía claro lo que quería para mi vida y él en ese momento era muy coqueto”, relata Orieta.

Como historia sacada de una telenovela, antes de que la amistad entre los dos pasara a un plano sentimental, Andrés reconoce que llegó a hacer una apuesta por ella.

“Ella me gustaba, me parecía muy atractiva, pero no me prestaba atención. Un día reunido con mis amigos de internado empecé a comentar que me interesaba, entonces hubo algunos que me dijeron que ahí no pasaría nada porque ella era muy seria, así que a partir de ahí nació la apuesta. Yo estaba seguro de que la conquistaría y al final lo logré. Ahora, admito que yo tenía  otra relación y cuando sentí que me estaba enamorando de Orieta, decidí terminar la otra para apostarlo todo por Orieta”.

La relación entre los dos fue marchando viento en popa hasta que llegó el año rural. Orieta empezó a hacerlo en Barranquilla, mientras que meses después Andrés había recibido la noticia de que lo tenía que realizar en Caquetá. Esta situación estremeció un poco la estabilidad de la relación, pues Orieta tenía claro que llevar un noviazgo a distancia se tornaría algo complejo, así que para ella la mejor decisión era darle punto final. 

“Yo pensaba en que mi tranquilidad no la iba a negociar por nada y decidí decirle que lo mejor era que termináramos. Sin embargo, él me respondía que yo estaba loca. El día antes de su viaje  lo acompañé a hacer el papeleo que le exigían y a mí se me dio por preguntarle si allá en Caquetá había trabajo para mí, él llamó al Ejército para preguntar y la teniente que contestó le dijo que sí había cupo, que le mandara la hoja de vida. En ese momento, sin que me dieran el sí, hice la documentación respectiva y después recibí la llamada de que allá me necesitaban”, cuenta Orieta.

Estando en Caquetá, Andrés asegura que él sintió un llamado de Dios que le decía que Orieta era la mujer que había destinado para su vida. Guiado por esta señal, el día del cumpleaños de ella buscó cómplices entre el personal del Ejército para que lo ayudaran a preparar la pedida de mano.

“A mí me tuvieron distraída durante un tiempo. Luego, cuando llegué al lugar, encontré mesas vestidas, meseros y flores por todos lados. Fue muy lindo, porque además de celebrar mi nacimiento, me propuso que fuera su esposa”.

Al culminar el rural, el plan de los dos era regresar a Barranquilla. No obstante, cuando decidieron volver, recibieron una llamada de una amiga quien les anunció que los dos tenían una entrevista en el Batallón de Sanidad Militar de Bogotá, así que decidieron llegar a la capital. Allí Andrés tomó la decisión de practicar la religión cristiana, así como lo  hacía Orieta.

En noviembre de 2009 contrajeron nupcias en Santa Marta y retornaron a Bogotá a vivir durante tres años. En la capital del país, Orieta trabajaba en su empleo soñado, de hecho, por decisión de sus superiores recibió la noticia de un ascenso. Empero, a Andrés se le presentó la oportunidad de realizar su especialización en Cirugía General en Barranquilla, la decisión final fue quedarse en la capital atlanticense.

“Decidí regresar, porque creo que un matrimonio es una empresa en la que hay proyectos familiares. Entonces, si uno de los propósitos es que mi esposo se especializara, todos los miembros del hogar tenían que ir en pos de esto, así que desde ese momento estoy en Barranquilla. Actualmente trabajo en Sura”.

Después del proceso en mención, se enteraron de que serían padres de su primera hija, a quien llamaron Miranda, nombre que traduce mujer admirable. Después de tres años nació su segundo retoño, Ivanna, quien hoy día tiene un año y ocho meses.

Orieta y Andrés afirman que su mayor bendición son sus hijas Ivanna y Miranda, con quienes disfrutan pasar tiempo de calidad.

Para Orieta, su esposo Andrés es un padre excepcional y, aunque sabe que tiene defectos, a su lado encuentra felicidad. Manifiesta que por fortuna en todos los años que lleva de casada no ha habido una mañana en la que se despierte preguntándose ¿para qué se casó?

“Los dos hemos coincidido en que es importante que nuestro matrimonio hable por nosotros mismos y no las redes sociales. Andrés para mí es un hombre atractivo, con quien asumo el reto de sacar adelante nuestro hogar”.

Andrés, por su parte, señala que su esposa es una mujer decidida y comprometida. La define como su felicidad y complemento. Dice que a su lado se siente amado, seguro, tranquilo y cuidado.

“Para que una relación sea estable, es necesario que los dos sean compatibles en todas las áreas de su vida, tanto en los gustos como en el punto de vista espiritual. Creo que movernos en la misma profesión nos ha fortalecido, porque hemos entendido cuándo nos ausentamos y cuándo podemos estar presentes”.

Andrés menciona que en ocasiones es un error esperar tener casa, carro y beca para poder dar el paso y contraer matrimonio, pues en ese afán de tenerlo todo “pasan los años y no se casan porque aún falta cumplir algo de todas esas metas y entran en una zona de confort. El matrimonio es para toda la vida, un compromiso y la base de la familia, de tal manera que cuando lo adquieres tienes garantizado todo lo que necesitas para continuar. En este es necesario amar y aceptar a la otra persona con todos sus defectos”. 

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