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Así Nos Conocimos 23 de Julio de 2016

La historia del matrimonio de Goretty Medina y Roberto Angulo

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Foto: Lorena Heríquez y Andrés Henao, de Tu Boda Team

Después de cinco años viviendo juntos, con una hija de 4 y una empresa por delante, la pareja decidió formalizar su unión. Gente Caribe estuvo el día en que dieron el “sí”.

Daniela Fernández Comas @danielaferco
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“Hola, Andre. Dime que todo está en orden”, respondía Goretty cuando contestaba su celular. Al otro lado de la línea estaba Andrés Cardona, su wedding planner de Casa de Novias. 
 
Era viernes, 15 de julio de 2016, a eso de las 4:30 de la tarde. Estábamos en el salón de belleza Portada, en Bocagrande, y Goretty Medina se encontraba en la prueba de maquillaje para elegir el que usaría al día siguiente en su gran boda. Se casaba con el amor de su vida, Roberto Angulo. Pero no todo era color de rosa.
 
Los preparativos estaban jugándole una mala pasada a la diseñadora, que trataba de guardar la calma cuando el organizador del evento la llamaba. “¿Cómo así?”, decía estando al teléfono, mientras su cara expresaba intranquilidad. Fernando Pérez, quien la maquillaba, luchaba con ella para que se quedara quieta. Ella no hacía mucho caso. Colgaba una llamada y recibía otra enseguida, luego se tranquilizó. 
 
A la luz del primer flash de nuestro lente comenzó a posar. “No poses tanto, Gore”, le decía, pero a ella no le importaba, seguía posando cual modelo en fotoestudio. “Maige, ¿cómo me veo?”, le preguntaba Goretty a su prima, quien no se le despegó ni un minuto. No necesitaba respuesta, se veía hermosa. Y así, perfectamente maquillada, peinada y arreglada, iría a la cena familiar en Cuzco con su futuro esposo, que acababa de llegar por ella.
 
Goretty baila con su abuela, Anita.
 
En la cena estaba su madre, abuela, hermana, primas y amigas cercanas de colegio, que aún conserva. Las mismas personas que al día siguiente estarían junto a ella en su celebración. 
 
La reunión duró poco. Los novios tenían que ir a La Movida, discoteca donde los esperaba una de sus grandes amigas, la actriz Estefanía Borge. Pero ahí no se quedaron. El lugar estaba lleno y su última rumba de solteros terminó siendo en La jugada, solo hasta las 3 de la mañana. Debían descansar. 
 
En menos de 12 horas, entre viernes y sábado, el ‘corre corre’ fue intenso. Razón por la que la cita al siguiente día fue a partir de las 3:30 de la tarde. Esta vez en el lugar del evento. “Vente mañana como a las 3, o mejor, 3:30 p.m. A esa hora es que comienzan a arreglarme”, me dijo la novia. 
 
Así fue. A las 3:30 p.m., del sábado 16 de julio, crucé las puertas de la casa boutique ubicada en el Centro Histórico de Cartagena, y enseguida se sintió el ambiente fiestero. Flores blancas adornaban un gran arco y en medio posaba un pastel de varios pisos. Elsy Figueroa se había encargado del pudín de seis pisos que tanto quería Goretty, con más flores blancas.
 
En el piso, unas velas en cilindros de cristal mantenían alejados a los curiosos de él. Cerca al arco de flores, en una banca de madera, dos canastas invitaban a ser vistas. Una con abanicos, otra con sombreros. Detalles que solo esa boda podía tener. Y cómo no, el clima que hacía lo ameritaba, por eso el cartel que decía “toma uno, pa’l calorcito” no se equivocaba. Sí hacía calorcito. 
 
En el segundo piso, luego de pasar por unas escaleras floreadas a lado y lado, se encontraba la novia. Estaba sentada, siendo maquillada, con una bata que a un lado tenía una G y una R en grande, y un abanico en su mano. El aire acondicionado de la habitación no se sentía. Ella estaba ansiosa, ya quería salir a casarse con Roberto.
 
Una vez maquillada, la novia pasó a cambiarse. Su vestido, de cola larga, espalda afuera y hecho por ella, le hacía ver una silueta perfecta. Siguió arreglándose con calma hasta que escuchó la voz de Roberto. “¡Cuidado vas a entrar!”, gritó ella desde el interior del cuarto a eso de las 4:30 de la tarde.
 
Él, desde afuera, soltó una risa y se fue. Volverían a verse en contados minutos, solo faltaba media hora más para que se casaran. Peinada, con zapatos puestos, velo en la cabeza, bouquet en las manos y luego de que los fotógrafos le tomaran un par de fotos, la novia salió. Era el momento de casarse. 
 
En el tercer piso de la casa ya estaba su familia, amigos, fotógrafos y el novio, que sonreía de pie. Al son de la melodiosa voz de Andrea Kopp, Goretty subió. Su hijo la llevó de la mano hasta donde su futuro esposo. Él, los padrinos y todos los testigos se levantaron para recibirla.
 
Solo unas palabras del notario, del chef Rodrigo Díaz, gestor de su primer encuentro hace seis años, y de Marianela Mendoza, mejor amiga de Goretty, fueron el abrebocas para la frase que todos los asistentes esperaban escuchar: “los declaro, marido y mujer”. Una avalancha de aplausos inundó el lugar. 
 
Abrazos y lágrimas despidieron del tercer piso a los novios, quienes recién casados y con alegría se escaparon a las murallas para ser fotografiados. 
 
Allá duraron poco más de una hora. Al volver, sus invitados ya esperaban por ellos en la pista improvisada sobre la piscina del hotel. Era momento de su primer baile. Yo no sé mañana comenzó a sonar y los novios, a bailar. Los aplausos no se hicieron esperar y la fiesta, con el saxofón de Nemesio, comenzó.  
 
Los bailadores llenaron la pista mientras otros disfrutaban la comida. Algunos se tomaban fotos, mientras los demás, como yo, se sentaban a observar. Era una fiesta mágica.
 
 Cerca de las 9:30 de la noche la novia desapareció. El segundo vestido venía al ruedo, “el más cómodo de los tres para bailar”. Largo, de tirantas delgadas y ceñido al cuerpo, este segundo vestido era perfecto. Con este bailó toda la noche, incluso hasta con su abuela Anita, que no se cansó de hacerse notar. 
 
De pronto, dos sillas aparecieron y ‘chispitas mariposa’ se prendieron. En el centro de la pista los novios se sentaron y Adriana Lucía comenzó a cantar “mira que te miro y que me muero...”. Los asistentes coreaban sin cesar. La cordobesa encantó con su canto y a más de uno hizo lagrimear. Pero también el reguetón se pudo escuchar. Fary y Álex llenaron de música urbana el lugar y las 12:30 de la madrugada dejaron de cantar. 
 
A la 1 a.m. la novia se volvió a cambiar. Un tercer vestido, esta vez corto, fue su ajuar para terminar de celebrar. Cuando apareció, el Dj continuó a amenizar hasta las 2:30 a.m., en una fiesta de ensueño, con momentos únicos, que los novios siempre recordarán.
 
Sobre él...
“Una cosa que amo de Roberto es que me hace reír siempre”.
 
Sobre ella...
“Me encanta que sea emprendedora. Me sorprendió que lo que viste lo hace ella misma”.

El primer baile fue al son de ‘Yo no sé mañana’, tema muy especial para la pareja.

Detalles

Platos pequeños, la nueva tendencia. La comida ofrecida en la recepción estuvo a cargo del hotel Capilla del Mar. Ensalada ‘caprese’ en versión miniatura, ‘tartare’ de salmón y pequeñas porciones de postres como el pionono hicieron parte del menú.
 
 
 
Regalos únicos. Abanicos hechos en fique y sombreros de ala ancha fueron algunos de los detalles que a la entrada del evento se podían tomar. Ambos elementos eran acompañados de un pequeño cartel que decía: “Toma uno pa’l calorcito”.
 
Y se hizo la luz. ‘Chispitas mariposa’ en forma de corazón iluminaron la pista de baile durante la serenata ofrecida por la cantante Adriana Lucía, amiga cercana de la pareja. 
 
 
Maquillaje
 
 
El maquillaje de Goretty estuvo a cargo de los estilistas de la peluquería Portada. La tarde del viernes la novia se dedicó a probar diferentes estilos con Fernando Pérez (foto), para escoger cuál sería el ideal en su gran día. 
 
Vestuario 
 
 
 
Además del largo vestido que utilizó en la ceremonia, la novia tuvo dos cambios más. Los tres vestidos fueron de su creación.

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