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Así Nos Conocimos 16 de Julio de 2016

La ‘química’ que unió a Israel y Esther Gontovnik

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Texto: Sara Hernández C. @sara_hernandezC
 
¿Negro, dónde te casaste? le pregunta enérgicamente Esther Cybul —su nuera—a Israel Gontovnik. “En Medellín”, responde con su gruesa voz y a sus 92 años en la sala de su casa, en el norte de Barranquilla. Pareciera guardar intacto aquel recuerdo que para él, como para su esposa, fue tan crucial en su vida.
 
Y lo recuerda porque ese fue el lugar donde se conoció con Esther Wielgus. A esta mujer la ubicó por una persona que le habló de ella. Sin medir palabras ni actos se fue en busca de aquella mujer a esa parte del país.  Al llegar comprobó que sí le gustaba, algo en él se lo decía, el tema de estudiar la misma carrera, Química Farmacéutica, era un asunto que no podía ser casualidad.
 
Luego vinieron varias visitas de Esther a la Costa Caribe, encuentros en Puerto Colombia y hasta en Cartagena. Él no dudó y pensó : “esa mujer va a ser mía” y así lo fue. La pareja se casó un 31 de marzo de 1951, hace 65 años. Solo habían pasado tres meses de noviazgo.
 
“Ella era una de las mujeres más bonitas que había en Barranquilla, a mí me gustó verla en vestido de baño, tenía buen cuerpo y además era muy bonita”, rememora Israel Gontovnik.
 
El tema cultural los unió pues ambos son judíos, comparten costumbres y hasta similitud en el color azul de sus ojos, lo que los ató. “Nos gustamos, nos enamoramos y nos casamos”, señala sonriente el hombre quien además apunta que en ningún momento llegó a sentirse arrepentido de la decisión. 
 
Es más, “siempre le he sido fiel, como a nadie”, resalta. Y así, espontáneamente, llegan otras ideas, a la conversación “para nosotros es muy importante el tema de la fidelidad”, recuerda Esther mientras explica que el tema ahora se maneja diferente.
 
Su historia. La pareja nació en Polonia. El primero en llegar a Barranquilla, huyendo de la Segunda Guerra Mundial en Europa, fue Jacobo, el padre de Israel , en 1931. Luego Israel (el hijo) llegó a La Arenosa junto a sus dos hermanos y su madre —en el barco Green—. Esther arribó en otra embarcación junto a sus dos padres, una hermana y  fue directo a Medellín.
 
El padre de Israel tenía un almacén de calzado en La calle de las vacas, —hoy calle 30— una tienda conocida como La elegancia, en la que retomó sus conocimientos en zapatería, aunque en Polonia fue agricultor. “Necesitaba ganarse la vida y sacarnos adelante”, comenta Israel con naturalidad.
 
En ese momento, la familia Gontovnik vivía en la parte trasera del almacén. En el sector residían muchos judíos que habían llegado en similares circunstancias. Tiempo después, el negocio del calzado no fluyó, razón por la que abrió un almacén de muebles. 
 
La situación económica cambió, el negocio prosperó e Israel se fue a estudiar Química Farmacéutica a Bogotá. Luego, para 1951, volvió Barranquilla y abrió la farmacia Unión, de eso hace 65 años. La que de hecho, aún está en funcionamiento.
 
Este fue un asunto rentable por muchos años, lamentablemente las fórmulas que aprendió en la universidad poco a poco fueron perdiendo su auge debido a la proliferación de nuevas tiendas de medicamentos. Sin embargo, las recetas de la pareja son ampliamente conocidas en la ciudad. 
 
Sobre ellos. El dúo dinámico cada semana salía a bailar al Patio Andaluz, en el antiguo Hotel El Prado y también jugaba bridge y dominó, que más que un acto cotidiano, era parte de su esencia. Aún, Israel juega dominó y Esther bridge. Siempre lo hacían en grupos de personas de la misma comunidad judía. De ese grupo, son la única pareja viva. 
 
Esther siempre ha sido calmada. “Ella bailaba un poquito mal”, cuenta sonriente Israel. Él, por su lado, se considera un trompo en la pista y hasta al suelo ‘se tiraba’. El canto también es otro de los talentos de este hombre, de hecho, a la señora Esther le agradaba escucharlo. Disfrutan de comer juntos; Esther aprendió secretos de la madre de su esposo en la cocina.
 
Lo que aprendió con el paso del tiempo fue que la manera de ser de ambos influyó mucho en consolidar su unión, “un trabajo de respeto y confianza en el otro”, recalca la mujer.
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