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Así Nos Conocimos 30 de Enero de 2016

Una relación que se dejó llevar por la marea

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Foto: Orlando Amador

La historia del español Javier Julvez y la bogotana Zoraida Martínez parece el guion de una película moderna, en la que los protagonistas se conocen por Internet, construyen una relación a distancia y terminan viendo la puesta del sol frente al mar.

Johana Muñoz Lorduy
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Como si se tratara de su primera cita, el barcelonés Javier Julvez le toma tímidamente la mano a su esposa, la bogotana Zoraida Martínez, mientras aprecian juntos la inmensidad del mar. El escenario, que da pie para admirar este cuadro romántico, es un velero que conserva aún en su interior libros y fotografías que acompañaron por cuatro largos años a Javier en alta mar.

Escenas como esta son cada vez más frecuentes en la vida de esta pareja anclada en Barranquilla hace ya siete años, cuando llegaron en busca de una tierra neutral para vivir en plenitud un amor que nació por Internet, y para gestar el proyecto de la Marina de Puerto Velero.

“Yo soy de los navegantes de antes y de los de ahora. Paradójicamente conocí el amor navegando en las nuevas tecnologías”, expresa Javier con su acento español.

Su esposa lo mira con ojos de ternura y continúa ella con la entrevista.

—¿Qué te gustó de mí, amor?—pregunta—Esa respuesta a veces se nos olvida a las mujeres—.

—Me gustó todo, en especial tu sonrisa—, responde Javier sin evasivas.

Así comenzó. Diez años atrás, mientras Javier Julvez volvía a integrarse a su vida en Barcelona; después de haber superado un divorcio y navegado solo durante varios años, su hermana lo convenció para que buscara pareja. Sin él saberlo lo inscribió en el portal de citas Match.com y su brújula apuntó a más de 8 mil kilometros de distancia, luego de conocer a una hermosa colombiana.

“Mi hermana me creó un perfil y subió una foto mía a la página, que cambié por suerte  a los pocos días. Recuerdo que al principio entraba solo para jugar hasta que apareció  mi esposa”, relata Javier.

Por su parte, Zoraida confiesa que por esos días, con una hija de nueve años y separada, no había cabida para iniciar una nueva relación y mucho menos pensar en salir del país.

“Yo empecé a chatear en la página , pero nada que ver con Javier. En esos momentos yo estaba felizmente separada  y tenía una vida tranquila en Bogotá”, cuenta la psicóloga.

Pero las distancia no importó en esta relación que, sin querer, se empezó a darse a través de citas por Skype, que duraban cerca de dos horas al día.

“Javier me dijo algo que fue crucial cuando empezamos a vernos por Internet y era que quería ser el último en la lista para que yo estuviese segura de querer estar con él, muy matadora esa respuesta”, señala Zoraida.

A los tres meses de estar chateando, Javier — afirma—se volvió a aventurar. Esta vez empacó sus maletas y se subió a un avión para venir a Colombia a conocer a la mujer que se convertiría en su esposa un año después en el Parque Tayrona.

“Mi conclusión de todo esto es que uno no puede ir a conocer a un hombre a otro país, que vengan ellos y lo conquisten a uno”, afirma entre risas Zoraida, con la mirada fija en Javier.  

La suerte estuvo echada para esta bella pareja que luego de diez años sigue sorprendiéndose de las mieles del amor, esas que los ‘embriagan’ con los atardeceres y con los paseos a bordo de un velero.


Javier y Zoraida se casaron en el año 2007 en el Parque Tayrona. En la foto brindan los novios. 


Un mamo Kogui fue el encargado de oficiar la ceremonia ancestral que duró seis horas. 


La pareja en uno de sus paseos a Barcelona, ciudad donde nació Javier. 


Zoraida y Javier posan para la revista Gente Caribe desde la sala-comedor que está en el interior de su velero. 
 

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