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La Cita Positiva 25 de Junio de 2016

Ganar y perder

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Sandra Leventhal
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Dentro del marco de la Copa América, todos vibramos con los goles de nuestros equipos favoritos y sufrimos con la derrota de nuestra amada Selección Colombia. El miércoles pasado después de los goles de Chile sentimos la tristeza y la frustración de haber sido eliminados durante ese partido tan particular gracias al clima norteamericano.

¿Por qué es tan importante para nosotros sentirnos ganadores y tan devastadora la derrota?

Ganar es quizás una de las emociones más adaptativas del ser humano, en todos los grupos se reconocen jerarquías y estas obedecen a las fortalezas que se encuentran dentro de cada individuo, se trata de una cuestión de poder y está asociada a la capacidad de ganar.

Desde muy pequeños podemos observar cómo los niños juegan y buscan imponer esta jerarquía en el juego visibilizando aquellos que compiten más agresivamente que otros, tienen la necesidad de ganar más exacerbada que otros; también podemos observar aquellos que sufren con la derrota y los que la asumen con estoicismo y tranquilidad.

Naturalmente estamos diseñados para competir y diferenciarnos claramente dentro de nuestros grupos sociales, estamos diseñados para asumir el éxito de ganar y la derrota de perder.

Una forma eficaz de sentir este llamado de la naturaleza, es el de proyectarnos en aquellos con los que nos sentimos identificados, como nuestro equipo favorito, nuestro líder elegido o nuestro ídolo escogido.

Ganar o perder, de acuerdo a estudios de neurociencias, está ligado con emociones que generan descargas químicas, así ganar está ligado con la descarga de testosterona generando una cascada de neurotransmisores como la dopamina, la cual desencadena sensaciones de poder, bienestar y fortaleza.

Cuando colocamos nuestra identificación en ese otro que compite por nosotros, vivenciamos por proximidad sus logros y derrotas y nuestro cerebro no distingue completamente que esa derrota o ese éxito no es propio, por ende lo vivenciamos como nuestro.

La pérdida también nos afecta y la sentimos como un fracaso, alcanzando a percibir como propia la frustración de no haber logrado ese objetivo. Incluso quedar de segundo en la competencia es tan devastador como no haber ganado nada, por cuanto el objetivo era ser el primero.

Todo, de alguna manera, es una competencia por ganar el primer premio, ya sea cumplir con una meta, lograr un trabajo, concluir un proyecto, alcanzar un sueño o ser exitoso. Al final buscamos sentir bienestar y afirmarnos como seres capaces.

Perder o ganar no solo es un evento emotivo, es un motor emocional que nos puede empujar a lograr metas o nos puede fortalecer cuando llega el momento de enfrentar la derrota, lo importante es no permitir que esas derrotas frenen nuestro impulso por ser cada vez mejores ¡ Ánimo Selección, nosotros seguiremos vibrando con ustedes! esta es una derrota en el camino de muchos logros y éxitos futuros! De las caídas se aprende y esta no debe ser la excepción. gc

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