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La Cita Positiva 15 de Septiembre de 2018

Lo quiero gratis y de buena calidad.

El usuario es:
Sandra Leventhal
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Cuando una estrella famosa o por lo menos alguien medianamente conocido, lanza un producto, de manera casi instantánea lo consideramos apetecible, sin importar mucho la calidad, el precio, o la relación costo beneficio. Corremos a adquirirlo y se nos convierte en un producto objeto de deseo.

Pero cuando se trata del esfuerzo de un desconocido o incluso un amigo que aún no ha alcanzado la fama, entonces todo cuanto ofrece nos parece costoso, sobrevaluado optamos por buscar la manera para que nos rebaje el producto. Incluso llegamos a considerar que debería ser gratis.

¿Por qué, si el que está posicionado y verdaderamente no requiere de nuestro respaldo comercial, puede ser merecedor de nuestra confianza y deseo de invertir en su producto y aquel que está iniciando y verdaderamente requiere de nuestro apoyo a su esfuerzo es descalificado y buscamos en vez de apoyarlo sacar provecho de sus inicios?

Este fenómeno tiene que ver con nuestra percepción de aquello que es real, en virtud del reconocimiento de aquel que respalda el producto construimos nuestra sensación de confianza hacia aquello que nos ofrece, si es muy conocido pensamos que al respaldarlo este hace parte de aquellas cosas de calidad que este sujeto exitoso recomienda.

Cuando se trata de nuestro amigo o un desconocido, no somos capaces de sentir la misma empatía, por lo tanto, no reconocemos objetivamente el esfuerzo que habita al respaldo de su servicio, entonces lo desvaloramos un poco y le otorgamos el valor subjetivo que nosotros consideramos. O simplemente partimos de la premisa que debería ser gratis.

Nos hemos acostumbrado a desvalorar el esfuerzo del otro.Consideramos que todas las horas que invirtió en sacrificios y desazón, arduo trabajo y creatividad ingeniosa creando su emprendimiento no deberían ser reconocidas, ¿y yo pregunto es esto verdaderamente justo? ¿Se puede construir una sociedad equitativa partiendo de esta premisa?

El esfuerzo en general de todo ser humano debe ser reconocido y recompensado, el trabajo tiene un valor y es aquel que lo realiza el que le otorga este valor. Es incluso una grosería pretender colocarle el valor que uno considera al trabajo de otro.

Hace parte de la solidaridad apoyar los esfuerzos de aquellos que se arriesgan a innovar y desarrollar nuevos emprendimientos y la pregunta que nos deberíamos hacer no es si lo vale o no lo vale, más bien la pregunta es si lo necesitamos, lo deseamos y si podemos adquirirlo o pagarlo, pero pretender recibir las cosas gratis no debería ser una opción.

No solo violenta las leyes naturales del comercio, agrede el valor del trabajo del otro y nos exime del derecho a reclamar calidad. La próxima vez que busques un servicio pregúntate que tanto estas dispuesto a respetar el esfuerzo del otro y considera que detrás de todo servicio de calidad hay cierto valor implícito que se debe cobrar. Define si puedes o no adquirirlo, si tu presupuesto te lo permite y si no puedes hacerte a él, acéptalo, pero no lo pidas gratis.


 

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