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Perfil 13 de Julio de 2019

El médico Samir Ballestas Naissir: orgullo barranquillero en EEUU

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Foto: Los proyectos de investigación de Samir Ballestas se han expuesto en ciudades como Chicago, Austin, Montreal, Charleston, Atlanta y Miami, entre otras.

A sus 25 años es uno de los cuatro elegidos entre más de 450 aspirantes para ingresar a la especialidad de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello de la Universidad de Emory.

Angélica Hernández
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El médico barranquillero Samir Ballestas Naissir es uno de los cuatro elegidos entre más de 450 aspirantes para ingresar a la especialidad de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello de la Universidad de Emory, en Atlanta, una de las de mayor prestigio de los Estados Unidos.

Según las estadísticas es uno de los cinco médicos graduados en el exterior que fueron admitidos en esta especialidad en los Estados Unidos.

Para un latino es muy difícil ingresar a una especialidad quirúrgica en ese país; Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello es una de las más competidas, por eso muy pocos médicos internacionales (de otros países) logran un cupo en tan deseada especialidad.

El doctor Ballestas tiene 25 años, es egresado del Colegio Marymount y de la Universidad del Norte, e hijo del otorrinolaringólogo Antonio Ballestas y la periodista Loor Naissir. Desde muy pequeño se interesó por la medicina, viendo en su casa el ejemplo de su padre.

Todo comenzó durante su internado. Hizo una pasantía en el Grady Memorial Hospital de Emory University con el doctor Oswaldo Henríquez, donde se destacó por sus conocimientos médicos. De ese modo consiguió que el director del departamento de otorrinolaringología pediátrica de Emory, el doctor Steven Goudy, lo invitara a cumplir funciones de investigador en su laboratorio una vez terminara su carrera. 

“A lo largo de todo este proceso ha sido muy importante contar con mentores que me han guiado por el camino correcto. Pienso que en la vida influyen mucho las personas que nos rodean y la vida me ha dado grandes maestros de quienes he aprendido”.

El proyecto de investigación que lideró se basó en mejorar el proceso de cicatrización de las heridas en la cavidad oral, un área del cuerpo donde es muy poco lo que se conoce sobre el proceso de regeneración. 

En animales con fístulas oronasales (comunicación entre la cavidad oral y nasal) se utilizaron terapias inmunomoduladoras (con la capacidad de aumentar o disminuir la respuesta immune), y se reclutaron un grupo de células anti-inflamatorias que contribuyeron al proceso de regeneración del tejido que recubre la boca, cerrando las heridas y disminuyendo el proceso inflamatorio. 

Estas fístulas oronasales que el doctor Ballestas estudió son el efecto adverso más temido en pacientes operados de paladar hendido, pues son defectos muy difíciles de cerrar una vez aparecen. Los niños que la sufren tienen que pasar por múltiples cirugías, sin tener resultados garantizados, y teniendo problemas al comer y al hablar. 

También formó parte del equipo que lideró la doctora Archana Kamalakar, en el mismo laboratorio, donde se descubrió un nuevo mecanismo en el que por medio del uso de la proteína Jagged-1, lograron atraer y activar células de la cresta neural para el proceso de formación de hueso en la cara. Una nueva esperanza para los niños que nacen con malformaciones maxilofaciales.

El joven de 25 años posa con su padre, el otorrinolaringólogo Antonio Ballestas.

Durante su paso por esta institución también tuvo la oportunidad de exponer el trabajo de cirugía de feminización de voz del que fue parte en Barranquilla y que lidera su padre, el doctor Antonio Ballestas. “Fue una gran experiencia, y una oportunidad de mostrar que en Barranquilla, Colombia, somos capaces de hacer cosas increíbles en el ámbito médico. Somos un país infinitamente rico en capital humano y tenemos gente con ganas y la capacidad de lograr grandes cosas, espero tener la oportunidad de contribuir al desarrollo médico y científico de Colombia y de América Latina”. 

El doctor Ballestas cuenta que lograr lo que ha conseguido a su corta edad, y en tan poco tiempo, no ha sido fácil: “Se requiere mucho sacrificio, tuve la oportunidad de venir a un lugar increíble y he visto cómo se han sacrificado mis padres. Por eso soy muy exigente conmigo mismo, no me gusta conformarme, creo que siempre se puede dar más y aprender cosas nuevas. Tuve que sacrificar muchas cosas, como estar lejos de mi familia; muchas veces mientras mis amigos estaban de fiesta o durmiendo, yo estaba estudiando o trabajando. Pienso que todo lo que vale la pena en la vida se tiene que ganar con esfuerzo, dedicación, sacrificio y disciplina. 

Samir con los doctores Steven Goudy y Oswaldo Henríquez. 

La mente nunca se cansa de aprender, y si estamos dispuestos a aprender, nada nos puede detener. No hay una fórmula mágica, solo trabajo duro. Soy además un convencido de que, si no estamos progresando, estamos empeorando, así que siempre hay que ir hacia adelante”. 

Además de inglés habla francés y portugués. “Trato de ver todos los partidos del Júnior y del Real Madrid, soy fanático de estos equipos”.

Le gusta leer biografías, sobre temas de desarrollo personal, negocios, cultura, de todo, “aunque últimamente no tengo mucho tiempo para temas que no sean de medicina”.

Ha sido invitado como conferencista a varios congresos y sus proyectos de investigación se han expuesto en eventos científicos en ciudades como Chicago, Austin, Montreal, Charleston, Atlanta y Miami, entre otras. 

“Todo lo que soy se lo debo a la educación que recibí en Barranquilla, por eso quiero aprovechar al máximo, aprender todo lo que pueda y llevar todo eso a Colombia. Estoy orgulloso de haber estudiado en el Colegio Marymount y en la Universidad del Norte, donde tuve grandes maestros durante mi bachillerato y carrera que han impactado positivamente mi vida y me han enseñado a que siempre hay que dar lo máximo en todo lo que hagamos”.

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