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Perfil 30 de Marzo de 2019

En Barranquilla hay tambores que ‘retumban’ al son de paz

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Foto: Orlando Amador.

Pedro Del Portillo y Adelita Vargas, miembros del Club Rotario Barranquilla Centro, y el maestro Arecio Castellano compartieron detalles del proyecto musical que lideran y que ha beneficiado a más de mil niños en la ciudad.

Daniela Murillo Pinilla @DanielaMurilloP
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Si hay algo que tienen en común el ingeniero industrial Pedro Del Portillo, la dermatóloga Adelita Vargas de Malkún y el maestro musical Arecio Castellano es su vocación por servir a los demás. Pese a tener profesiones distintas, los tres coinciden en tener como referente una misma consigna de vida: “dar de sí antes de pensar en sí”, el lema del Club Rotario Barranquilla Centro. 

Precisamente es en esta organización sin ánimo de lucro, conformada por profesionales de distintas disciplinas de la ciudad, donde nació hace 18 años el proyecto ‘Tambores por la paz’. Una iniciativa cuyo objetivo, según Pedro Del Portillo, uno de sus creadores, es formar líderes juveniles que “impulsen la paz y la resolución de conflictos en las comunidades en estado de vulnerabilidad de la capital atlanticense”. La música y, específicamente, los tambores se convirtieron, en aquel entonces, para los miembros de este club en herramientas para generar cambios sociales en la ciudad. 

“El proyecto nace porque yo toda la vida quise aprender a tocar percusión. Una persona me recomendó al maestro Arecio Castellano para que me ensañara. Durante una de las clases, él me contó que dedicaba parte de su tiempo para ir a los barrios del Suroccidente de Barranquilla a enseñar música a los niños y evitar los conflictos en sus comunidades. Él tenía el sueño de hacer un concierto por la paz, tomé esa idea y la presenté en el Club Rotario Barranquilla Centro y les encantó. Comenzamos a conseguir patrocinios para preparar el concierto que finalmente se realizó en abril de 2002. Terminó siendo un verdadero espectáculo de luces, fantasía y música. Decidimos que no podía quedarse como solo un concierto, sino que había que materializarlo como un proyecto social”, contó Pedro. 

Fue así como empezaron a brindar una formación musical y académica a niños y adolescentes mediante un programa estructurado por ciclos educativos. De acuerdo con el profesor de esta iniciativa, Arecio Castellano, en total han logrado trabajar con 22 barrios de la ciudad, como Las Flores, La Chinita, Las Américas, Siete de Abril, Santuario, entre otros. 

“En 18 años, más de 1.400 estudiantes han estado vinculados al proyecto. En la actualidad estamos trabajando con 120 niños en los barrios Rebolo y La Luz. Iniciamos dando las clases de música en una escuela y ya estamos en cuatro. En cada una hay 30 estudiantes y son multifuncionales, pues tocan el tambor, el alegre, las maracas y demás instrumentos. Tienen prácticas de dos a tres veces por semana y ellos terminan siendo multiplicadores de buenos hábitos en sus comunidades. Por lo general, el programa tiene una duración de dos años”, afirmó Arecio. 

Pedro asegura que gracias a que el proyecto ha crecido cada vez más, pronto eso los obligó a brindarles también una formación académica. 

“Desde el Club Rotario Barranquilla Centro decidimos hacer una alianza con la Universidad del Norte a través del programa Univoluntarios. Ellos diseñaron un programa de liderazgo juvenil del que también se tienen que graduar. Los niños cuando escuchan un tambor van como las abejas al panal: la música los atrae y siempre hay más niños que quieren  involucrarse”, manifestó Pedro. 

Los tres coinciden en que la principal ganancia de su labor es “la alegría y el amor” que reciben de los niños. 

Así pues, Adelita, presidenta actual del club, reitera que desde esta organización su misión siempre será ayudar y brindar una mano a estos grupos de jóvenes. “La emoción de ver estos niños en tarimas tocando el tambor y recibiendo diplomas es la satisfacción del deber cumplido”, agregó. 

No obstante, para sacar adelante el sueño de estos niños, se han tenido que enfrentar a varios retos, como buscar apoyo económico para refrigerios, transporte, afinación de instrumentos, uniformes, entre otras necesidades. 

“En los barrios donde hemos realizado los talleres son territorios donde la zona franca ejerce influencia. Hemos recibido apoyo de ellos, de la Fundación Rotaria Internacional, de los colegios de los barrios, un club padrino en Canadá y de varias entidades y personas que se han unido al desarrollo del proyecto”, agregó. 

‘Tambores por la paz’ ha tenido más de 100 conciertos, estuvieron invitados para presentarse ante el presidente Bill Clinton en Cartagena y fueron invitados a una sesión inaugural del Festival Internacional de Cine de Cartagena. Además, han logrado viajar y llevar su talento a países como Bélgica, Francia y República del Congo. 

“Mediante la música ellos se convierten en líderes, abren sus mentes al mundo y no están dispuestos a seguir el modelo del bandido con el revólver. Lo que necesitan los niños son oportunidades”, agregó Castellano. 

Como proyecto futuro, una de las metas es hacer una réplica de este proyecto en Galapa. Así como también realizar presentaciones al aire libre en las propias comunidades para que los padres “vean lo que los niños han aprendido”. 

“Otro de nuestros objetivos es organizar grandes conciertos. Sinfónicas de tamboras en las que haya niños tocando alegres, tamboras, flautas y gaitas en las que podamos invitar a maestros musicales y juglares. Al final, yo vivo el proyecto porque tengo esa misma pasión por los tambores y nos da satisfacción a todos ver como a través de la música se cambia la vida de tantas personas”, puntualizó Del Portillo.

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