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Perfil 29 de Junio de 2019

La música que armoniza la vida de Camilo Puche Pernett

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Foto: Orlando Amador Rosales

El barranquillero asegura que sentir pasión por la música lo llevó a crear una empresa de producción. Cree que las artes son esenciales para la formación de nuevas generaciones.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo
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Que la melomanía se pudiera respirar en la atmósfera del hogar de Camilo Puche Pernett hizo que la vida profesional del barranquillero estuviera enmarcada en la música. Así lo confirma él cuando naufraga a la deriva de sus recuerdos. Y es que cuando sus padres unieron sus vidas, pese a no tener estabilidad económica, lo primero que adquirieron fue un equipo de sonido.

“Mi papá siempre escuchaba música, sobre todo la cubana, así que creo que el gusto por esta lo heredé de él. Aunque me encantaba, empecé a estudiar Derecho y fue en octavo semestre cuando decidí que no podía vivir frustrado, que mi pasión era la música, así que lo conversé con mis padres y ellos me apoyaron”.

Guiado por sus sueños, se trasladó a Cuba a estudiar música durante cinco años. Posteriormente, llegó a Estados Unidos para cursar otro pregrado en Negocios de Música. De allí partió a Los Ángeles, donde empezó a trabajar en un estudio de producción de música para cine, hasta que  finalmente retornó a su tierra natal, Barranquilla.

A su llegada creó la empresa ModMusic AMD, dedicada a la producción. Con esta, explica, han hecho conciertos educativos infantiles en el Atlántico, a través de un convenio con la gobernación. También lideran un programa de música con el que han dictado clases y en el que cuentan con el apoyo de un grupo de profesores que imparten clases a domicilio. Asimismo, tienen un programa de música para niños y adultos en el Country Club.

Alternativamente, empezó a incursionar en la docencia del departamento de Música de la Universidad del Norte, pero hoy asegura que su tiempo completo está dedicado a la Fundación Nacional Batuta, donde se desenvuelve como gerente regional norte.

“La fundación trabaja con niños y niñas víctimas del conflicto armado y en estado de vulnerabilidad. Allí me encargo de dirigir los programas de todo el Caribe colombiano. De momento tenemos presencia en 37 sitios donde, a través de la enseñanza musical colectiva, fomentamos la filosofía de que el trabajo en grupo genera muchos beneficios”.

Para él la música es una herramienta poderosa, que se configura como el vehículo mediante el cual se pueden tratar problemáticas de la sociedad. Agrega que cuando la niñez explora este arte “empuña algunos instrumentos y deja de empuñar armas. Asimismo, aprende a emplear su tiempo libre en las artes, aislándola del proceso de violencia cíclica que aún existe”.

Estima que este arte, más que ser un ejercicio meramente de entretenimiento, es un arma de transformación social. A su vez, de manera personal, sustenta que la música salva vidas.

“Antes de estudiar lo que verdaderamente me gustaba, yo sentía un gran vacío y desasosiego. Así que la música le da sentido a la vida tanto de las personas que participan en ella como la de quienes no son músicos”.

Camilo sugiere una educación que involucre las artes para formar a un mundo que a futuro premiará el proceso creativo. 

Una reflexión. De otra parte, Camilo, quien es trompetista, enfatiza en que hay muchos países como Finlandia y Hong Kong que van a la vanguardia de la educación, ocupando los primeros lugares, pues han repensado su sistema educativo, dándole un gran lugar y significado a las artes en el currículum escolar.

“Antes solíamos pensar que lo más importante eran las llamadas ciencias duras, pero las artes se han integrado en los currículums porque han entendido que son herramientas de construcción y de preservación de conocimiento. Estas salvaguardan la historia del ser humano, y nos confronta con nuestra realidad y con lo que debemos ser. Si escuchamos la música del maestro Chaikovski, por ejemplo, entendemos un poco los procesos revolucionarios rusos”, manifiesta camilo, quien en el presente cursa un doctorado en Música.

Se cuestiona y formula el interrogante: ¿para qué sirve la educación actual y hacia dónde debemos ir?, ya que su preocupación está afianzada bajo la idea de que no hay noción alguna si dentro de 15 años ciertas carreras profesionales seguirán existiendo en el mercado laboral, teniendo en cuenta el auge de la tecnología.

“No sabemos si habrá abogados, taxistas o chefs porque hay muchas profesiones que desaparecerán y otras aparecerán y, en medio de ese mundo incierto y desconocido, es necesario que las entidades educativas formen a la gente. Las artes pueden jugar un papel fundamental en esa formación, ya que nos hacen pensar de una manera abstracta”.

Agrega que si se sigue insistiendo en que el niño o el adulto en la universidad debe quedarse sentado repitiendo tareas mecánicas durante horas, “claramente no desarrollará la creatividad y no podrá adaptarse en un mundo que a futuro premiará las ideas y el proceso creativo”.

Se declara amante de toda la música aunque, al igual que el pianista cubano Chucho Valdés, cree, en cierto modo, que hay dos tipos de música: la buena y la mala.

“Hay música que nos hace pensar, sin ser erudita, y hay otra que definitivamente no nos hace pensar mucho. Ahora, no puedo abogar por aquella que instrumentaliza a la mujer o que propenda por la violencia a través de su lenguaje”.

En lo particular afirma con ahínco que siente un gusto vehemente por el porro, pues su familia es de Córdoba. Asimismo, le encanta la popular y la clásica, pero al final del día dice que disfruta escuchar de todo un poco. 

Para Camilo...
“La música es capaz de salvar vidas. Antes de estudiarla vivía con desasosiego”.

Las artes para él...
“Son herramientas que nos confrontan con la realidad y salvaguardan la historia del ser humano”.

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