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Que Ha Pasado Con 19 de Enero de 2019

“Estoy viviendo el sueño de mi vida: ser una madre espiritual”

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Foto: Archivo particular

La barranquillera Sarah Mintz, reconocida por el nombre de Maritza Rodríguez y su rol como actriz, cuenta cómo fue su conversión al judaísmo y qué restricciones tiene sobre la actuación, entre otros detalles de su vida.

Sharon Kalil
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Al despertar en las mañanas lo primero que hace la reconocida actriz Sarah Mintz es agradecer a Dios por una oportunidad más para vivir. Luego, dedica un tiempo a hacer algunos rituales religiosos propios del judaísmo, y a levantar con un rezo a sus dos hijos, los mellizos Akiva y Yehuda Mintz, de cuatro años.

Después de preparar a sus hijos para que vayan con toda energía a la escuela, Sarah pasa sus mañanas atendiendo algunas citas de trabajo. En las tardes se dedica nuevamente a acompañar a sus hijos en cada paso que dan en su crecimiento y a pasar tiempo con su esposo, el ejecutivo y productor de televisión judío Joshua David Mintz.

“Mis días varían mucho cuando tengo citas de trabajo… también hago dos o tres veces ejercicio a la semana”, agregó la barranquillera, quien describe a su familia como muy respetuosa y unida a pesar de la distancia, pues ella está radicada en Ciudad de México desde hace un año y medio.

Así es actualmente la vida de Sarah, quien ha sido reconocida internacionalmente bajo el nombre de Maritza Rodríguez y quien se adueñó durante varios años de la industria televisiva.

“Para mí el nombre es algo muy importante en la vida del ser humano porque es como tu ADN. Pienso que el destino cambia con tus acciones, tu nombre y el lugar en el que vives… en mi camino espiritual quise encontrar nombres que tuvieran mucha fuerza espiritual para mis hijos”.

Sobre su nuevo nombre contó que se le reveló en la vida. “A mí nunca me gustó el nombre Maritza, siempre se lo he dicho a mi mamá. Empecé a adentrarme en temas espirituales, sin saber que estaba relacionándome con el judaísmo, y sentí que podría tener otro nombre para los rezos y la meditación… estudié mucho en la madrugada y se me revelaba mucho Sarah, pero yo no lo creía. Recuerdo que en 2011 estaba grabando la telenovela La casa de al lado y mi maestro espiritual me llamó y me dijo Sarah, pensé que se equivocaba de teléfono, pero me lo confirmó y me tiré en el pasillo a llorar del asombro”.

A partir de ese día, la barranquillera asegura que su vida cambió a tal medida que se convirtió en un nuevo inicio. “Antes de cambiarme el nombre estaba en un proceso fuerte de transformación. Desde el 2009 cambié mis hábitos, mi manera de pensar, alimentación y vestimenta”.

Sarah cuenta que estos cambios fueron penetrando las emociones de los personajes que interpretaba, causando así la atención de las personas a su alrededor.

“Todos fueron partícipes de mi transformación hasta que llegó el momento de anunciar todo a los medios de comunicación… mucha gente piensa que un día me levante y dije “voy a explorar otra religión” o cree que fue porque algo me pasó, o sea, que tuve una caída muy fuerte en algún ámbito. En mi caso no fue así, yo estaba en mi mejor momento: tenía un contrato de exclusividad con Telemundo, era de las mejores vestidas, económicamente estaba bien, tenía una gran familia y tenía salud; entonces yo no salí corriendo buscando un escape, mi cuestionamiento de mi relación con Dios viene desde niña”.

Así pues, la actriz asegura que su creencia por el judaísmo ortodoxo no es causa de una influencia de su esposo, quien en esa época no practicaba la mencionada religión, sino de su propia curiosidad y búsqueda espiritual. “Cuando decidí hacer mi conversión fue porque lo sentía del alma”.

Ahora dentro de su vida es normal no saludar a los hombres con un beso o un abrazo, usar faldas largas y pelucas. “Siempre me preguntan por qué el judaísmo y mi respuesta es que yo estaba buscando una relación con Dios, donde realmente tuviera sentido en esta vida y ahora todos los días para mí valen la pena. Yo estoy viviendo el sueño de mi vida: ser una madre espiritual”.

Sarah quiso darle una estructura a sus pensamientos, así que decidió estudiar Inteligencia Emocional y Psicología Positiva. “Empecé a captar los conceptos y me certifiqué como coach. Mucha gente está impactada con mi historia, o sea, de como la he llevado con verdad, entonces de ahí partí a dar conferencias en distintos lugares y a tener consultas virtuales y presenciales con muchos clientes”.

Aparte, está trabajando junto con sus dos hermanos, Nelson y Shimon, en su escuela de actuación En Escena, pues reconoce que el arte es una manera de conocerse a uno mismo. “También promuevo desde mis redes sociales la moda de recato, donde uno puede estar muy fashion y a la vez cumplir el precepto espiritual. Tengo muchos planes, quiero estudiar en una universidad para ser psicóloga y luego, hacer una especialización en coaching terapéutico”.

En cuanto a su vida actoral, Sarah comenta que hace dos años terminó de grabar la telenovela Silvana sin Lana y desde ese momento no ha vuelto a actuar.

 “No volveré a hacer televisión como lo venía  haciendo, o sea, tengo que tener una restricción, así que no me voy a estar besando o abrazando a un hombre. Además, yo no uso pantalones ni escotes, entonces esas escenas de cama o en traje de baño no las haría. Sí llegaría a hacer  teatro de mujeres para mujeres y en el caso de que apareciera una serie religiosa la haría. Recibí hace poco una oferta y si se desarrolla sería muy fantástico”, dijo.

Sarah, quien se casó hace cuatro años en una ceremonia judía ortodoxa con su esposo, mantiene el acento costeño, aunque asegura que no visita su tierra natal tanto como quisiera debido a sus ocupaciones diarias.

Sin embargo, dice que sigue muy conectada a la ciudad. “A veces despierto y quiero comer ‘cayeye’, carne desmechada, patacones, arepas, café y entonces los preparo en mi casa para toda mi familia”, finalizó.

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