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Sabores - Chef 22 de Febrero de 2014

Alejandra Bedoya: “Cocinar es una forma de hacer química”

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Foto: Orlando Amador

Daniella Hernández Abello
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Es administradora de profesión y chef por vocación. Desde la niñez incursiona en los fogones, y ahora le apuesta a lo saludable con su Restaurante Basil Eating Fresco.

Para Alejandra Bedoya la cocina es cuestión de química y no tanto de técnica. Ella no ha estudiado en una escuela, es administradora de empresas, y reconoce que se nota en su técnica de corte, pero recibió una formación de igual calidad detrás de los fogones de su abuela, Margarita Yidi.

“En mi familia, el almuerzo de los sábados era una tradición, se hacía en la casa de mi abuela. Yo le pedía a mi mamá que me dejara donde ella y me sentaba a verla cocinar”, recuerda Alejandra sobre esta experiencia que la hizo dueña de una ‘cancha’ que supera sus escasos 22 años.

Asegura no tener ídolos en el tema de cocina aparte de su papá, Fernando Bedoya, quien fue su otro referente para iniciarse en este mundo. “Cuando fui creciendo”, dice, “empecé a intervenir en las preparaciones que hacía, le daba mis opiniones y le ayudaba”. 

En ese espacio descubrió que lo suyo era la gastronomía mediterránea. “Me comía por manotadas las aceitunas que él compraba y que venían sin procesar, hasta masticaba los ajos crudos, algo por lo que mi mamá me regañaba.” Hoy, esos sabores son su sello.

Paellas, risottos y comidas de acento árabe se volvieron parte de su menú, tanto que  las empezó a vender a través de un servicio por encargos que bautizó Eventi que aún se mantiene vigente.

Hace pocos meses cumplió el sueño que comparte con muchos colegas que le doblan su edad: tener su propio restaurante. Nos referimos a Basil Eating Fresco, un pequeño local en el centro comercial Palmas Mall que le está cambiando la cara a la cocina saludable.

verdes pinceladas. Casi sin saberlo, Alejandra se convirtió en embajadora de la alimentación saludable —un tema muy en boga en la actualidad—, a pesar de que su repertorio lo componían recetas más bien condimentadas y harinosas. Esto se lo debe en parte a Carolina Paéz, la persona con la que se alió para abrir su negocio.

“Un día estábamos cenando y vimos el local de Basil desocupado, para mí fue una oportunidad. Carolina me sugirió hacer un restaurante saludable, ya que ella se cuida mucho y no tenía un lugar donde satisfacieran sus necesidades”.

De ahí vino el reto por ‘limpiar’ esas preparaciones mediterráneas que ‘Ale’ tanto apreciaba. “Darle gusto a Carolina cuando estábamos creando el menú fue lo más difícil”, dice. Al final logró una carta breve que no solo complace los paladares a la línea, pues gusta por igual a quienes disfrutan  de lo ‘pecaminoso’.

“Un comensal ordenó un batido y lo dejó a mi elección, pero dijo que no quería nada verde, yo lo desobedecí y le traje uno con cilantro, espinaca, fresas y agua de coco. No podía creer lo rico que estaba”, asegura.

Así, desvirtuando un mito alimenticio a la vez, transcurren los días de Alejandra, que cambió las dulces malteadas por extractos vegetales y el arroz por quinoa. Ahora no descarta formalizar sus conocimientos en nutrición para tener más fundamentos dentro de su cocina.

Una de sus apuestas más ambiciosas ha sido la paella de quinoa, que es básicamente una adapatación de la receta familiar a este popular y nutritivo grano. Lo sirve una vez al mes en Basil, la próxima será este domingo, ofrecerá una versión vegetariana y de mariscos. El primer comensal será su padre que luego de criticar este experimento ahora es su principal admirador. “Nunca se esperó el sabor que iba a encontrar en este plato”, concluye Alejandra. 

ALGO MÁS QUE HOJAS...


Paella de quinoa o ‘quinella’.

“Comer saludable no es solo comer lechugas. La clave es lograr combinaciones distintas con lo que da la tierra.”

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