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Sabores - Chef 22 de Marzo de 2014

“Desde que llegué a Colombia me sentí en casa”

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Foto: Orlando Amador

Daniella Hernández Abello
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El italiano Pietro Piva lleva 21 años deleitando las mesas colombianas con las recetas que aprendió gracias a su pasión por la cocina,  algo que lleva en su ADN.

Han pasado 21 años desde que el milanés Pietro Piva desempacó por primera vez sus maletas en Colombia. Venía atraído por el encanto de Cartagena de Indias, y quedó tan impresionado que pronto retornó, pero para quedarse. “Desde que llegué a Colombia me sentí en casa”, dice.

Alto, bien parecido y seguro de sí mismo, no sorprende que al poco tiempo de arribar tocara la puerta de los personajes claves en el Corralito de Piedra. Uno de ellos fue el restaurador Juan del Mar, con quien trabajó 8 años y medio en un proyecto bautizado Casa Fellini. “Hicimos una buena amistad, aprendí muchas cosas sobre cómo es el negocio de restaurantes en Colombia. Esto es clave porque el secreto de un buen chef es adecuarse a los paladares de los clientes”, afirma, con un español aún teñido con visos de italiano.

Pietro, un aventurero formado en la escuela de hostelería Alberghiera, empacó sus cuchillos y se desplazó hasta  Montería. Allí vio la oportunidad de iniciar su primer negocio, el restaurante Terralontana que aún hoy funciona. “Tuve la suerte de llegar a una ciudad en pleno crecimiento”, recuerda. Al poco tiempo su vena empresarial lo llevó hasta Sincelejo donde también tiene varios proyectos en funcionamiento. A pesar de su éxito comprendió que aún tenía mucho trabajo por hacer.

Un reto llamado La Girolata. Pietro confiesa que su paso por las ciudades de la Sabana colombiana no fue casual, fue más bien una escuela a largo plazo que que lo formó para llegar a las mesas de La Arenosa, o como él la llama “la capital de la Costa Caribe”.

Llegó invitado a Sabor Barranquilla en 2011 y ahí empezó a buscar socios estratégicos y el espacio físico para llevar a cabo su idea. Hoy ese proyecto se materializó en La Girolata, un restaurante italiano que en un año y tres meses se ha posicionado como uno de los mejores de la ciudad.

El restaurante tiene una cocina abierta porque no cree en que estas deban ser áreas vetadas o secretas en un restaurante. Como el hombre discreto que es, prefiere que las cucharas y sartenes hablen y no tanto las palabras.

Se precia de la rapidez del servicio en La Girolata, algo que a veces sorprende a los clientes. No hay trucos detrás de la agilidad, “dedicación y preparación”, afirma con contundencia.

Esta y muchas razones más hacen que su local sea uno de los más frecuentados en Barranquilla. Y aunque goza de éxito, Pietro no descansa, por el contrario sigue explorando las lecciones que deja el gran recetario italiano.


Le gusta armar platos con pastas básicas y porciones de pescados y mariscos.
 

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