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Sabores - Chef 03 de Mayo de 2014

El ‘catering’ de Margarita Diago

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Foto: Orlando Amador

Daniella Hernández Abello
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Lleva más de 40 años de experiencia en el negocio de los banquetes, el secreto de su prevalencia ha sido la atención personalizada que les regala a todos sus clientes.

Entrar en la planta de producción de Margarita Diago es lo más parecido a ingresar a un paraíso de sabores. Allí sus colaboradores trabajan enérgicamente para cumplir con una demanda de pedidos que no descansa.

El equipo de producción de Gente Caribe la visitó un martes y para ese día ya tenía múltiples pedidos de postres y platos preparados para entregar. Y, por si fuera poco, se celebraba un cumpleaños en su salón de eventos.

No es ajena a estos ajetreos, lleva más de 40 años satisfaciendo los gustos del exigente paladar barranquillero y ella es la primera agradecida de haber consolidado esta trayectoria, sobre todo en un mercado tan exigente. “Estoy muy agradecida con mi clientela, ya que ellos son los que han permitido que mi negocio subsista a lo largo de los años”, comenta.

El secreto detrás de su ininterrumpido éxito radica en que Margarita es una apasionada del servicio al cliente. “Me tomo el trabajo de satisfacer cada una de sus necesidades, es una atención personalizada”, afirma.

Estos valores los aprendió de forma instintiva en su juventud, viendo la pulcritud y elegancia con la que montaba las mesas su abuela Sofía Grau. Eso mismo lo vio en su madre, María Concepción Abello de Diago. “No le gustaba ordenar nada a los restaurantes, todo se hacía en casa, incluso mi banquete de matrimonio”, recuerda.

Siguiendo los pasos de sus antecesoras, Margarita empezó a cocinar pequeñas comidas para sus amigas, en la década de 1960. Fue en ese momento cuando se consolidaron dos de sus más famosas recetas: la lasaña y el pudín de vainilla, que hoy en día siguen en su carta y gozan de gran popularidad.

Fue así como Margarita se convirtió en una guerrera de la cocina, armada con un cucharón logró sostener a sus dos hijos, Claudia y Carlos, luego de enviudar y además dándoles las mejores oportunidades. “Digo con satisfacción que mi negocio me ha permitido cumplir todos mis sueños”, subraya.

De paso, ha logrado cumplir lo de sus 18 colaboradores, entre funcionarios administrativos y de cocina, que han crecido junto a ella. “Tengo cocineros que han legado su puesto a las siguientes generaciones de su familia”, dice.

Y así, entre órdenes de pudines, lasañas y lomos a la pimienta, transcurren los días de Margarita Diago, una mujer que alegra los momentos más especiales de sus clientes y que seguro seguirá haciéndolo por muchos años más.


Su lomo a la pimienta es muy apetecido.

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