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Sin Photoshop 08 de Junio de 2019

Diana Gómez, una cartagenera que enfrenta las vulnerabilidades

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Foto: Orlando Amador

La joven psicóloga de 34 años hace parte de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización, donde está a cargo de la salud física y mental de familias en proceso de reintegración.

Sharon Kalil
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Aportar e impactar positivamente la vida de otros a través de diversas herramientas científicas es una de las posibilidades que le brinda la Psicología a Diana Gómez Miranda, una joven de 34 años que siempre tuvo el sueño de prepararse en esta área.

“Estudié esta carrera por mi vocación de servicio. Lo tuve claro desde muy pequeña. Considero que pocas disciplinas van más allá del mero desempeño profesional y permiten enriquecernos como seres humanos, y tener una visión clara de la realidad”, expresó la cartagenera.

Por ello, a pesar de que en su niñez y adolescencia tuvo otros intereses tales como el ballet, la culinaria, la natación y el patinaje, decidió estudiar Psicología en la Universidad de San Buenaventura, cursar un magíster en Psicología y Profundización Clínica, y especializarse en Psicología Clínica en la Universidad del Norte.

“Desde bachillerato tenía en mi habitación un letrero en cartulina que decía ‘en el 2005 seré una gran psicóloga’, así que yo tenía proyectado que esto es lo que quería ser”, contó.

Esa vocación la llevó, antes de graduarse de pregrado, a trabajar con niños del municipio de Santa Rosa del Sur, en Bolívar. “Fue la primera vez que trabajé con niños en estado de vulnerabilidad, de inmediasto empezó a interesarme esta área. Luego, trabajé durante un año en El Carmen de Bolívar dictando cátedra en un colegio sobre prevención en niños,  para lograr una intervención temprana e impedir diversos trastornos”.

Diana agregó que “dentro del punto de vista científico se habla de prevención en niños porque por mucho tiempo se negó que estos sufrieran de algún trastorno mental: se consideraban problemáticas mentales e incluso se trataban con las mismas técnicas usadas en adultos. Hoy día la ciencia ha demostrado que existe una clara diferencia y hay una continuidad entre los trastornos mentales que se pueden desarrollar en la infancia y los de la vida adulta”.

Desde luego, Diana también le apuesta a esta área porque siente que es un desafío constante en su vida. “A la hora de comunicarme con los niños, un lenguaje oral directo no es suficiente. Con ellos debo poner a prueba toda mi creatividad, así que salgo de mi zona de confort”.

Diana también dirigió la especialización en Psicología Clínica de su alma máter, en la que sigue vinculada, y es docente de la Maestría en Psiconeuropsiquiatría y Rehabilitación de la Universidad Metropolitana, en Barranquilla.

“Desde el 2015 hago parte de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización ARN, un programa de la Presidencia de la República con la que interactúo con la población en proceso de reintegración. Soy la encargada de la división Salud, es decir, gestiono todo lo que tiene que ver con la salud física y mental”.

Aseguró que lo más difícil de trabajar con excombatientes “es enfrentarse a la doble y triple vulnerabilidad”, pues interactúa con una población que además tiene una situación de discapacidad, que incluye el consumo de sustancias psicoactivas, y que no cuenta con una red de apoyo.

“Las condiciones de ellos no son favorables, por ejemplo, hay personas que solo pueden comunicarse a través de los ojos y en situaciones específicas, entonces sigue siendo un reto porque ya no solamente es desde la salud mental, debido a que ellos hicieron parte de un grupo armado, sino desde otros aspectos”.

Diana recordó que en el 2016 ganó el Premio Innovación Social por la Paz de la ARN por crear el diseño de una ruta de atención para el abordaje del consumo problemático de sustancias, de acuerdo a las experiencias recogidas en el grupo territorial.

Una de la situaciones que ha marcado su vida fue trabajar con una persona que llevaba más de quince años en el proceso, que había sufrido de abandono y que “deseaba morir”.

“Empecé a conocerlo, establecí empatía con él y descubrí sus pasatiempos. Me di cuenta mientras hacía una exploración de talentos múltiples que le encantaba hacer poemas, así que retomamos eso. Él tuvo un cambio tan grande que, incluso, afectó positivamente su salud física porque se sentía útil nuevamente. Lamentablemente antes de lograr hacer un libro que recopilara los poemas, murió”.

Diana agregó que, después de esto, lloró mucho, pero al final se dio cuenta que son experiencias que le enseñan a que sí es posible aportarle a otros.

Por otra parte, la joven es apasionada por el sector de la moda y la belleza, por lo que desde hace 11 años tiene la tienda Primavera Boutique, en Cartagena.

Diana se casó en el 2012 con el cartagenero David García. Dentro de sus sueños está tener un hijo y cursar un doctorado en Neurociencia Cognitiva.

“Dentro de mis pasatiempos está practicar cualquier deporte de riesgo controlado, pero también me encanta todo lo que tiene que ver con la naturaleza y los animales”.

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