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Sin Photoshop 13 de Julio de 2019

“Quiero revolucionar la educación en pro de la infancia”: Chía Suárez

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Foto: Orlando Amador.

Chía Suárez trabaja todos los días por “darle una voz al niño” desde su centro educativo. Su propósito: formar infantes seguros y generadores de una cultura de paz.

Daniela Murillo Pinilla @DanielaMurilloP
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La maternidad fue la etapa que alteró (para bien) las metas personales y proyectos profesionales de la barranquillera Gloria Suárez Piedrahita, conocida por sus familiares y amigos como Chía. Desde muy joven, su entrega por los negocios y las matemáticas la impulsó a estudiar Administración de Negocios Internacionales en la Universidad de La Sabana, una carrera que le brindó las bases para consolidar “cualquier emprendimiento”. 

“Terminé de estudiar y cuando me convertí en mamá, sentí que todo fue diferente. Uno enfrenta la maternidad con un chip en mente lleno de consejos, recomendaciones y comentarios de la gente. Pero cuando te conviertes en mamá y eres consciente de la realidad, te das cuenta que hay un instinto que en ocasiones se contradice con lo que dice la gente en el día a día”, explicó. 

Fue entonces cuando Chía sintió la necesidad de estudiar e investigar para validar su instinto maternal como el resultado de “procesos biológicos”. Empezó a traer al país conferencistas internacionales y certificadores de lactancia en Colombia. Trabajó para la Alcaldía con el programa Amamantar tu superpoder, mediante el cual buscó empoderar a mujeres líderes de los barrios sobre esta temática. 

Asimismo, comenzó a vincularse con empresas de la ciudad para realizar asesorías sobre cómo humanizar el servicio hacia la mujer y la infancia. En la clínica Portoazul, su misión fue apoyar a las mujeres su proceso de parto con el fin de evitar la “violencia obstétrica” y el aumento de cesáreas “deshumanizadas e innecesarias”. 

La barranquillera posó junto a su esposo Libardo García y sus dos hijos: Julieta y Joaquín. Asegura que la maternidad le permite dar lo mejor de sí misma. 

A raíz de todas estas acciones, Chía se fue percatando de los estragos emocionales de los adultos y niños en la actualidad.

“Pienso que no se trata de buscar a un culpable o un victimario, porque nuestros padres trabajaron en nuestra infancia con los recursos que tuvieron a la mano. Pero hoy día tenemos más información en internet y estamos informados de nuestros derechos. Vemos en la actualidad muchos casos de ansiedad, depresión y tristeza que se derivan de la infancia”, contó.

Con la intención de buscar las respuestas que hay detrás de los vacíos emocionales de las personas, ingresó a estudiar una especialización en Teacher’s Social and Emotional Learning en la Universidad de 
Colorado Boulder en Estados Unidos. 

“Luego de tener a mis hijos Joaquín y Julieta y sentir que había llegado el momento de llevarlos a un centro educativo, recuerdo que no había uno que cumpliera con los requisitos que estaba buscando o que tuviera el personal bien capacitado. Entonces, pensé que era el momento adecuado para abrir mi propio centro. Conocí a Virginia Quintero, una experta en el tema, y abrí Mapoh (Máximo Potencial Humano), un lugar donde niños de cuatro meses a seis años pueden aprender mediante un proceso de socialización”, estableció. 

Chía trabaja en “revolucionar la educación por el bienestar de la infancia y el futuro de la humanidad”. Es por ello que en su centro procura conocer los intereses de los pequeños y hacer un acompañamiento emocional para potencializar sus dimensiones del desarrollo. 

“Es un tipo de educación que está basado en las realidades biológicas del niño que hoy revelan los avances de la ciencia en cuanto al cerebro de la primera infancia y en sus derechos humanos. Se trata de acompañarlos desde la conciencia y el respeto, con el fin de formar niños críticos, autónomos, seguros, autorregulados y generadores de una cultura de paz”, manifestó. 

En la actualidad, esta barranquillera asegura que el principal desafío de la educación es “la anestesia con la que viven muchos adultos”.

“Entre más violenta fue una infancia, y no hablo solo de golpes o gritos, sino muchas violencias sutiles, más se anestesia esto en la mente. Entonces, cuando se llega a la adultez se intenta hacer lo mismo con nuestros niños y repetimos el patrón.El desafío es cortar la cadena de maltrato”, puntualizó. 

Ahora el reto de Chía es lograr consolidar algún día su centro educativo como un colegio, pues para ella Mapoh “es un modo de vida”. 

“Siempre he sido una persona rebelde ante el sistema y cuando eres mamá, por lo general, quieres dar lo mejor. Soy una mujer de hacer y he unido esto con mis conocimientos. Me he vuelto una autodidacta”, concluyó. 

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