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Temas del Padre 17 de Junio de 2011

Crisis y encuentro

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En estos días en un programa de Radio que hago en las Mañana en la emisora Minuto de Dios (1370 AM) he estado discutiendo con el Padre Jaime García Marmolejo en torno a la experiencia que debe estar pasando en la vida de los hombres que se encuentran con Dios.

Expuse -y quiero reafirmarme en ello- que nadie se encuentra con Dios sin estar buscándolo y que esa búsqueda, normalmente, está planteada en términos de preguntas y de crisis. Es decir, son las preguntas, la incomodidad frente a la situación que estoy viviendo y mi deseo de ser feliz, los que me permiten encontrar al Dios que me ha estado buscando y que ha tomado la iniciativa de establecer relación conmigo.

Estoy convencido de que si en la vida de Abraham no hubiera un descontento con la religiosidad que estaba viviendo, con la vida que estaba llevando, y si no estuviera cuestionándose no habría descubierto el llamado que Dios le estaba haciendo para que viviese de una manera distinta.

Sin apertura no es posible encontrarse con Dios. No olvidemos que la fe es una respuesta a la pregunta por la felicidad. No es una imposición, ni es un ejercicio mágico; sino que es la manera como el hombre considera que debe vivir para ser feliz. No creo que el encuentro de Abraham con Moisés fuera un encuentro fortuito o inesperado, creo que es el resultado de las dos búsquedas la de Dios y la de Abraham. Teniendo claro que Dios busca primero.

Creo que dónde mejor se puede apreciar esto en la experiencia de encuentro con el resucitado de Pablo. Las narraciones que tenemos (Hechos 9,1-22; 22,3-16; 26,9-18; 1Corintios 9,1; 15,8; Gálatas 1,1.11s) son relatos teológicos, literariamente construidos para dejarnos claro que se trata de una teofanía, una manifestación de Dios en el corazón del apóstol de los Gentiles.

Estoy seguro de que el encuentro en el camino a Damasco no se hubiera dado si Pablo no estaría cuestionándose y reflexionando en torno a su vida de fariseo. Estoy seguro de que el corazón de Pablo había una constatación por mucho que fuera radical, exageradamente legalista, irreprochable no era feliz porque la ley religiosa no da felicidad. Su hacer no lo llevaba a la felicidad. Es esa pregunta que se presenta como una rajita por la cual se va a colar la experiencia del Resucitado.

El hombre que iba a Damasco no es el mismo que había iniciado su experiencia farisaica, éste después de cumplir la ley, de perseguir herejes se había dado cuenta que había un vacío en su corazón. De hecho lo que encuentra en Jesús es que la felicidad no es fruto de un hacer sino de un ser en relación, de relacionarse íntima e intensamente con Jesucristo, que la felicidad es gracia de Dios, regalo de Dios a quien le abre el corazón y lo vive a plenitud.

Si ahora deja todo lo que antes era importante y lo considera basura (Filipenses 3, 8) para sumergirse plenamente en la muerte y la resurrección de Jesucristo (Romanos 6,4), es porque en esta experiencia encuentra lo que en el Fariseísmo no había encontrado.

Sin esas preguntas y esos cuestionamientos, sin esas crisis existenciales los encuentros con el Señor parecen actos mágicos que desconocerían totalmente la dinámica de la Revelación del Padre Dios en la Biblia, y que tiene en Jesucristo su plenitud.

Esto me hace comprender porque algunos hermanos de hoy no se encuentran con el Resucitado o porque no se dejan encontrar por El: no se cuestionan, no están viviendo la vida con hondura y profundidad y se contentan sintiéndose conectado en las superficiales redes de hoy o ocupado en las compras consumistas en uno de los centros comerciales de la ciudad.

Cuando el hacer te basta para ser feliz es que la superficialidad te atrapo y con sus orgasmos no te deja espacio para preguntarte. El hombre que no se pregunta por el sentido de lo que hace o no cuestiona que para estar equilibrado tiene que apretujar la agenda de actividades seguro no se encontrará con Dios.

Dios es una respuesta experiencial a la pregunta por la felicidad que sólo se le da al que hace la pregunta. Entiendo que a veces la manera como algunos exponen el relato cristiano no deja ver esa dimensión pero estoy seguro es ella lo más atrayente de ser creyente. Por eso si estás en crisis existencial –no importa que lo haya ocasionado: quiebra económica, ruptura familiar, enfermedad, etc- no desaproveches la oportunidad de lanzarte a encontrar y tener una experiencia existencial con el Resucitado. Te juro que eso te cambiará la vida. GC

POR
Padre Alberto Linero
www.elmanestavivo.com
www.yoestoycontigo.com

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