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Temas del Padre 06 de Mayo de 2011

Las realidades se rompen… ¿y la vida?

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Con una de las realidades humanas que me encuentro frecuentemente es la ruptura. Me escriben muchas personas para contarme de sus experiencias dolorosas de relaciones que se acaban y por las que se sienten frustrados, derrotados y hasta destrozados.

Toda ruptura es dolorosa de por sí; nos inflingen dolor, nos causa malestar. Sin querer minimizar ese sentimiento humano válido, quisiera que pensáramos en las razones que nos llevan a esa ruptura, porque las hay. Sea de un solo lado de la relación o de los dos, sea porque uno decidió terminar o porque los dos llegan a la claridad de que es mejor abandonar algo que no está funcionando bien y que trae más problemas y sufrimientos que bondades y felicidad.

Hay razones para que se acabe y tienen peso. Lo digo porque para evitar el sufrimiento de la ruptura, algunas veces pegamos con babas las cosas y tratamos de mantener una relación no funcional, tormentosa, agobiante. No por tenerle miedo a abandonar y terminar, vamos a vivir atados a una relación que nos hace mucho más mal que bien.

Reconocer que el sentimiento de dolor de ahora puede llegar a ser más profundo en el instante, es posible que pese menos existencialmente en lo consecutivo de la vida. Lo segundo es que a toda ruptura le sigue un momento de luto, debes estar preparado para esa situación.

Y no estoy hablando únicamente de las relaciones afectivas entre parejas, sino también se rompe una “normalidad” cuando uno sale del trabajo, cuando se va un hijo de la casa, cuando se deja de frecuentar una amistad, etc.

La vida está llena de rupturas, como dije antes, intencionales o no, decididas o impuestas. Pero hay que asumir ese duelo, teniendo claro que no podemos quedarnos a vivir en él, hacerle un nicho y visitarlo con frecuencia en lo que resta de nuestra existencia.

El duelo, ya lo he dicho anteriormente varias veces, tiene unas etapas que debemos superar cuando llega una ruptura. Lo tercero es construir una nueva normalidad, sin tratar de repetir el esquema al que estabas acostumbrado, sin tratar de buscar sustitutos muy parecidos al que se fue, sin caer en el error de creer que un clavo saca otro clavo y demás.

Construir una nueva normalidad es saber que la vida sigue y que debes comenzar a funcionar bien en unas circunstancias distintas a las que estabas acostumbrado sin cerrarte a pensar que todo está perdido y que la vida, por no volver a ser igual, entonces será infeliz.

Estoy convencido que a los seres humanos nunca se nos agotan las posibilidades de felicidad y de adaptación a la realidad para sentirnos bien en ella.

Quisiera invitarte a salir delante de todas ls circunstancias de la vida; a que no te detengas a llorar sobre la leche derramada, porque la existencia siempre va, siempre sigue. No te quedes amarrado a los dolores de la historia, quedado en lo que fue y ya no es, es tiempo de seguir y de luchar para ser felices sin justificarnos en lo pasado que me gustaba y que no está para declararnos infelices, incapaces de construir una nueva normalidad que nos haga plenos, que nos ayude a estar bien como todos queremos. GC

POR
Padre Alberto Linero
www.elmanestavivo.com
www.yoestoycontigo.com

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