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Temas del Padre 30 de Diciembre de 2011

Seguir a Dios desde mi humanidad

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En estos días de final de año la liturgia nos presenta a Esteban, primer mártir cristiano (capítulos 6 y 7 del libro de los Hechos de los Apóstoles), para que aprendamos con su ejemplo a seguir al Dueño de la vida. Un seguimiento que podemos comprender como un proceso humano, una búsqueda de Dios desde su historia, sus opciones, sus maneras de ser y actuar. Quisiera proponerte algunas de mis reflexiones al respecto de este personaje:

1- Esteban nos hace conscientes de que el don es mucho menos que el donante. Amamos al donante, no el regalo. El regalo pasa, el donante queda. Por eso nuestra relación con Dios se tiene que basar en la relación personal que podamos entablar con Él: hacerlo nuestro interlocutor, nuestro amigo. Lastimosamente hemos vuelto esa relación con Dios, una relación comercial: nos centramos en lo que puede darnos y no en lo que es para nosotros, se nos olvida escucharle. De tanto pedir aquello que necesitamos, no le dejamos ser. Queremos aprisionarlo en nuestra manera de pensar y sentir, creyendo que lo importante es que aprenda a hacer nuestra voluntad. Hay que recuperar el amor y la gratuidad propia de la amistad en nuestra relación con Dios. Que Él sea libremente en nosotros y que nos ame como quiera.

2- En la vida hay que aprender a cerrar círculos: se trata de aceptar que hay situaciones que no pudieron ser y que tenemos que dejar a un lado, sin terquedad y con libertad. Se trata de perdonar y de liberarse del dolor que algunos nos han incubado en nuestro corazón. Aceptando que se puede perder; que no siempre estamos llamados a triunfar. Que algunas veces ganamos cuando perdemos. Recordar que el Crucificado nos enseñó que en la entrega total está la vida; y que la muerte tiene sentido para los que creemos en Dios. Se trata de terminar con proyectos que nos hacen sufrir sin ninguna esperanza ni posibilidad de realizarse. Es saber decir se acabó. No sigo en esto; sabiendo que la voluntad, tan necesaria, no basta y hay que echar manos de otras herramientas, así como también saber pedir ayuda. Es entender mentalmente y comprender emocionalmente que no tenemos que estar apegados, esclavizados, amarrados a los que no nos da sentido, ni felicidad. Es entender que todo pasa, y que todas las personas son circunstanciales en la vida porque en algún momento no están y tendremos que seguir adelante.

3- En medio de todo, hay que abrir nuevos círculos: volver a soñar. Nadie nos puede quitar la posibilidad de volver a creer y de volvernos a ilusionar. Siempre tenemos que emocionarnos con el mañana. Esperar que cada día tenga algo bueno, agradable, digno de ser vivido. Que, a pesar de las tristezas y las complicaciones, siempre exista en nuestro corazón una esperanza inquebrantable, la certeza existencial de que nacimos para ser felices y por eso vivimos.

4- Comprometernos a amar. El amor sin compromiso es engaño, manipulación y mentira. Amar con todo, más allá de los límites del merecimiento, de lo que el otro haga o deje de hacer. Amo porque así lo decido, el pago no lo espero al recibir algo, sino en la satisfacción del dar lo que soy, de descubrir que estoy por encima de las lógicas del egoísmo.

5- Aceptar a los hermanos que son diferentes. Amar en libertad. Ser solidarios y confiando en los otros. Es volverse a lanzar corriendo riesgos pero siendo inteligentes y sabios al actuar. Sabiendo que nadie es como quiero, sino como quiere. Los demás son como son, porque tienen una historia particular, porque vienen de un intercambio de genes y células completamente único, porque tienen opciones, porque piensan y sienten como nadie más. Acepto que el otro sea, porque pretendo que el otro me acepte como soy. GC

Por Padre Alberto Linero
www.elmanestavivo.com
www.yoestoycontigo.com

 

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