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Temas del Padre 09 de Diciembre de 2017

Todo lo puedo en Cristo Jesús

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Padre Alberto Linero

Algo que he aprendido a lo largo de estos años de caminar con Dios, como presbítero católico, pero sobre todo como hombre que cree, es que no hay nada que no podamos superar o asumir si vamos de la mano de Dios, si confiamos en él y dejamos que sea el guía de nuestra vida, quien nos ayude a darle sentido a lo que nos pasa y quien nos de la fuerza para enfrentar las dificultades. Cuando digo “nada” es porque he visto a personas que han vivido cosas terribles, que han podido superar y que yo mismo no logro entender cómo pueden haber salido adelante después de tanta tragedia y tanto dolor.

Luego pienso que yo mismo he vivido cosas que no me imaginé y que pensé que no iba a tener el valor para superar, pero Dios se acercó y me dio el ánimo y la sabiduría necesaria. El año pasado tuve la oportunidad de compartir algunos procesos de víctimas del conflicto armado de Colombia. Personas que habían vivido todo lo malo que le puede pasar a alguien, que se encontraban en condiciones terribles para vivir, que pareciera que tenían todas las dificultades del mundo reunidas en su pequeña casa. Pero al hablar con algunos de ellos les descubrí una enorme esperanza y una profunda convicción de que la vida debía seguir adelante y de que Dios era su fuerza para hacerlo.

Ahí entendí eso que decía San Pablo que nada nos puede separar del amor de Dios. Que no es solo una idea, ni siquiera es solo una convicción de fe, sino un hecho real, que el futuro es posible cuando Dios se hace presente en medio de todo lo que nos sucede y sin importar lo dura que haya sido la vida, nos anima y nos empuja hacia adelante, porque el amor de Dios no es una idea, es una fuerza eficaz que nos transforma para vivir mejor.

Ahí pude captar mejor el sentido de la exclamación paulina: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4,13). No se trata de una superfuerza que me hace ser de acero y me permite pasar por las peores situaciones sin un rasguño. Se trata de superar desde la relación con Jesús, desde su generosa entrega de sentido, todas las situaciones que vivo, aún aquellas que me hieren, me lastiman y me dejan profundas cicatrices.  Pablo, cuando exclamaba esta conclusión de su vida, nos contaba que había pasado por el hambre, el sufrimiento pero también por la abundancia, y que todo lo había podido vivir y superar gracias a su relación con Cristo Jesús. Estando con Él no evitas los problemas ni quedas exonerado de los golpes y daños que te puede causar la vida lo que tienes es la seguridad que seguirás adelante asumiendo todo ese dolor y ofreciéndolo, en el altar de la vida, al Padre del Cielo.

Los verdaderos gladiadores de la vida cuando miran la cicatrices que las batallas existenciales les han dejado, no lo hacen para llorar y recordar el dolor que sufrieron sino para comprobar que fueron capaces de superar esa situación y que ahora quieren construir mejor la vida. Esos dolores del ayer son propulsores para tener un mejor desempeño en el hoy.

Te animo a no darte por vencido en tu batalla (Josué 1,8-9). Lucha con fuerza, con inteligencia, con decisión y firmeza, pero sabiendo que Dios está a tu lado y que podrás salir vencedor (Isaías 43,1-9).

@Plinero
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