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Temas del Padre 13 de Enero de 2018

Tu vida, tus decisiones

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Padre Alberto Linero

Una de las tragedias humanas es vivir la vida sin un propósito que jalone y le dé sentido a las decisiones y acciones que a diario se realizan. No se puede vivir por vivir, ni se puede dejar que la vida se gaste en pequeñas satisfacciones que no ayuden a la realización de ese propósito. Ni podemos juntar decisiones y acciones sin saber ni por qué ni para qué. Ese propósito de vida tiene que ser lo suficientemente trascendental para que no se agote en la rutina diaria ni la costumbre lo corroa hasta destruirlo. Y a la vez tiene que ser lo suficientemente concreto para que no se vuelva una quijotada ni una quimera que nos “emburundangue” y no nos realice realmente. Ese propósito no puede ser impuesto por nadie, sino que es la decisión más profunda que tomamos en la existencia.

Es importante que tengas claro que en las decisiones que a diario tomas tienes que ser coherente con ese propósito. Debe haber una alineación entre lo que piensas, dices, decides y haces frente a esa gran meta que tienes en la vida. Ese debe ser el primordial criterio para evaluar la bondad o maldad de tus decisiones. No puede dejar que sea el aplauso o la aprobación de los otros, el criterio que evalúe tus decisiones. Ya que es muy común que a muchos no les gusten tus decisiones y te critiquen o traten de interponerse en lo que has decidido hacer.

Lo peor que puedes hacer es dejar que la aprobación o no de los demás sea la razón de ser de tus decisiones, porque eso implica no solo abdicar de tu propio propósito sino vivir una vida que no es tuya. Y claro, eso compromete seriamente tu felicidad. Nadie que no viva su vida puede ser feliz. Solo tú sabes qué es lo que quieres y buscas con tus decisiones y acciones, no dejes que aquellos, especialistas en criticar la vida de todos, se tomen el timón de tu vida y quieran hacer lo que a ellos les parece que debes hacer. ¡NO!. Siempre debes tener claro qué es lo que quieres y decidir, en medio de los mejores valores humanos, lo que lo realiza.

A través de chismes, de críticas, de comentarios, de regaños, de acusaciones, los otros van a tratar de hacerte vivir lo que ellos creen te conviene. No creo que lo hagan por maldad, pero igual no está bien. Hay que ser claro con ellos, y poner los límites que corresponda. Eso implica ignorar algunas veces sus palabras, otras veces dialogar con claridad y serenidad. No faltan los momentos en que haya que abrirse a escucharlos con atención, pero siempre tiene que quedar claro que no son ellos los que determinan nada, sino que eso es fruto de la conciencia que tienes de la importancia que tiene para tu propósito de vida.

Una cosa más. Podemos tomar en consideración lo que nos dicen esos que nos importan, podemos darles cabida a sus razonamientos y consejos cuando confiamos en ellos, pero tenemos que ser conscientes de algo: cada uno de nosotros asume y paga las consecuencias de sus decisiones y acciones, nadie más. Los que mucho opinan suelen ser los primeros que desaparecen cuando la vida pasa sus facturas.

@Plinero
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