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Histórico 26 de Febrero de 2011

‘Los colores de la montaña’ o el arte de conmover

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Está que no cabe de la dicha. Y no es para menos. Su ópera prima fue la película inaugural del 51 Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias. Es Carlos César Arbeláez, el ganador del Premio Kutxa para Nuevos Directores del prestigioso Festival de San Sebastián. El jurado lo premió porque “consigue mostrar la fragilidad de la integridad humana en medio de un conflicto armado”.

Carlos césar arbeláez, director.
 

A la fecha, Los colores de la montaña ha recorrido una docena de festivales de Italia, Eslovaquia, Suecia, Brasil, Argentina, Cuba, India y Turquía. Y se prepara para participar en el Cinema Novo Festival (Bélgica), el Festival de Friburgo (Suiza), el Festival de Zlin (República Checa), el Miami International Film Festival (Estados Unidos) y el Chicago Latino Film Festival (Estados Unidos). Méritos tiene para inaugurar el Ficci.

Arbeláez, además de guionista de varios largometrajes y de un cortometraje, ha escrito y dirigido La edad del hielo (1999) y La serenata (2007), el documental El cine en casa (1999) y numerosos documentales para televisión. Los colores de la montaña, su primer largometraje de ficción, obtuvo el Premio Cine en Construcción en el Festival de Toulouse (Francia) el año pasado, así como el Premio del Público y Mención Especial del Jurado en el Festival Internacional Ronda (España).

¿Qué tan difícil fue el manejo del tema de ‘Los colores de la montaña’?

He sido muy respetuoso porque con el tema de los niños en la guerra es muy fácil caer en la manipulación del sentimiento. Me cuidé mucho de eso, no solo desde la historia sino desde el tratamiento visual. La película es un registro sensible del mundo de los niños, pero también respetuoso con el espectador.

Su película puede interesar por igual a un espectador básico y también a uno formado, ¿cómo lo logró?

Esa es una de las cosas que me tienen muy contento como director. Porque siempre las películas uno las define como más para festivales o más para el público. Pero que una película funcione en los dos ámbitos es muy difícil. Desde que presentamos la película en San Sebastián, pensé “esta película también va a funcionar con el público”.

En la película también se maneja de manera respetuosa el tema de la fe…

Una de las cosas más bonitas que dijo el jurado de San Sebastián es que Los colores de la montaña es una película engañosamente sencilla. Porque lo que está pasando en la película es mucho menos de lo que está pasando fuera de cuadro. Porque mientras hay unos niños que quieren recuperar un balón, por debajo están pasando cosas que muestran mucho la fragilidad del ser humano.


¿Está basada en alguna historia real?

Para nada. Por ejemplo la escena de las balas, que es una de las que más suscita preguntas, no la investigué ni nadie me la contó, es toda ficción. Gracias a esta naturalidad de estos niños, parece que ellos me la hubieran contado a mí y yo la hubiera rodado, pero no. Fue absolutamente ficción.

¿El Ficci lo ha formado como cineasta?

Ya ves que sí. Las personas más importantes que he conocido del mundo del cine las conocí allí. Antes el Ficci era el festival referente para mí, donde podía ver directores, críticos, actores.

Natalia Cuéllar, actriz.
 

“En las armas no está la educación”

Se siente honrada y muy contenta. Es su primer largometraje. Y está segura de que a la gente le va a encantar “porque tiene un punto de vista infantil que a veces hace que los adultos reaccionemos ante tanta violencia”. Estuvo durante tres semanas de rodaje, con los niños y los otros protagonistas en Jardín (Antioquia), y dice que “fue una experiencia sencilla, pero muy bonita”. Es Natalia Cuéllar, actriz bogotana que estudió en la Casa del Teatro y en la Universidad Pedagógica Nacional. Su personaje es el de la profesora que llega al colegio La Pradera a enseñarles a los chicos. Carmen es una joven que llega al pueblo porque es su única opción de trabajo.

¿Cómo fue su aproximación al mundo de Carmen?

Lo primero fue una investigación con un libro que se llama Mujeres en la guerra, luego empecé como a crear en mí la tensión que veía en los relatos de ellas, porque Carmen es una niña grande que siempre está bajo un nerviosismo, una mirada que la observa y que al final casi que la atrapa. Carlos César me hizo ver videos de profesoras que habían estado amenazadas en la vida real. Tuve la oportunidad de ir a Jardín para trabajar con él y con los niños todas las escenas, durante cinco o seis días, como seis meses antes del rodaje.

¿Cómo fue ese proceso creativo con el director?

Me mostró cómo crear una relación con los niños, cómo leer el guión. “Concéntrate en la verdad, en lo que tu personaje dice, en lo que tu personaje vive”, me decía. Luego traía a Carmen a mi vida cotidiana para ver cómo caminaba, cómo se movía. Cuando fuimos a rodar, simplemente me olvidé de todo eso. Dejé el miedo a un lado, el ego al otro y me dediqué a escuchar a los actores porque el 98% de la película es con actores no actores, y yo tenía mucho susto. Siento que aprendí mucho, de la mano de Carlos César, que es un director muy tranquilo, que te dice cosas muy puntuales para que desarrolles el sentimiento. Carmen está hecha con veracidad y mucho amor.

Luego de verla en pantalla grande, ¿qué le deja Carmen? ¿Cómo la siente?

Carmen me deja mucho dolor. Sé que hay muchos colombianos y colombianas que han querido hacer cosas por mejorar nuestra tierra y que les han amarrado las manos; entonces se siente tristeza, se siente depresión, se siente impotencia. Creo que sí se reflejan esas cosas en Carmen. Me deja ganas de luchar a través de mi carrera, a través de mis talentos, a través de mis virtudes como humana, para ayudar con lo que pueda a gente cercana o gente lejana. Un grano de arena forma el mar. Me deja cosas positivas para seguir aprendiendo como actriz, como humana. Los colombianos debemos empezar a trabajar y ser conscientes de que tenemos un carácter fuerte y explosivo, entonces desde el individuo empezar a transformar eso y sacar nuestra luz. Las cosas bonitas que hay en el corazón.

¿Cree que su trabajo es útil, no solo para usted, sino para quien la ve?

Yo creo que todo lo que tú veas en Los colores de la montaña te va a causar una reflexión. Si lo vemos por el lado de Carmen, la educación en nuestro país necesita una inyección de apoyo, de dinero, de propaganda, para que nos enamoremos de ella otra vez. Tenemos derecho a la educación, tenemos derecho a la cultura. Creo que no se le puede negar la posibilidad a ningún niño, porque creo que la violencia no enseña.

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