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Latitud 25 de Junio de 2017

La décima, un viaje al viento

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La compañía de teatro habanera Camila Quiroga, en 1928, escenificando una reunión entre decimeros, músicos y bailadores guajiros de la época.

Tomás Rodríguez Rojas

Crónica en rima de un baluarte de la cultura popular del Caribe colombiano.

La décima figura entre las manifestaciones culturales más representativas del Caribe colombiano. Nace en España en el alba del siglo XVI entre la picaresca popular. Ya en la segunda mitad de esa centuria aflora remozada en la pluma de escritores mayores como Félix Lope de Vega y Carpio y Luis de Góngora y Argote, entre otros.

En el arte poético la décima es una estrofa compuesta de diez versos octosílabos, donde la rima debe ser consonante. Sin embargo, con el paso del tiempo sus rasgos fundamentales han experimentado algunas transformaciones, al fin y al cabo la cultura es dialéctica. De los versos octosílabos, vale decir, de ocho sílabas, los aedas pasaron a otros versos de arte menor, aquellos que presentan entre dos y diez sílabas.

Luego cultivaron décimas compuestas por versos de arte mayor, aquellos que registran once o más sílabas. Más adelante aparecieron las espinelas formadas por versos libres; es decir, sin medida, donde un verso puede ser de cinco sílabas o pentasílabo, otro de siete sílabas o heptasílabo, y así según el gusto del bardo sin que los versos pierdan sonoridad y gracia, todo depende de la creatividad del vate.

Hacia 1591 Vicente Gómez Martínez Espinel, poeta, narrador y músico español, más conocido como Vicente Espinel, le aporta a la estructura de la rima lo siguiente: el primer verso rima con el cuarto y el quinto, y el segundo con el tercero; mientras el sexto rima con el séptimo y el décimo, y el octavo con el noveno. En la simbología de la preceptiva literaria sería: abbaaccddc.

A partir de esa época la décima sería conocida también como espinela, un justo reconocimiento al ingenio y creatividad de don Vicente Espinel, quien ya antes le había aportado a la guitarra española la quinta cuerda. Además es autor de la novela picaresca Relaciones de la vida del escudero Marcos de Obregón, publicada en 1618, y que ejercería generosa influencia en varias generaciones de escritores ibéricos.

En el siglo XVII la décima se engalana con los versos de relevantes aedas, entre ellos, Pedro Calderón de la Barca. En el XVIII la décima es empleada en la creación de epigramas y la glosa a otros poemas. El epigrama es una composición poética breve, donde se expresa un pensamiento central, generalmente festivo o satírico, con precisión y agudeza. La glosa es la explicación o comentario sobre un texto o un poema, a partir de la interpretación de las claves criptográficas manejadas por el autor.

A Hispanoamérica entra sin licencia durante la pavorosa noche de la conquista. Se arraiga en Cuba, Colombia, Argentina, Chile, México, Panamá, Puerto Rico y Venezuela. En estos países, especialmente en los caribeños, despunta con un rasgo sui géneris, de popular y picaresca en España, aquí fue empleada por franciscanos y dominicos para enseñar la religión católica. Aunque después recupera la esencia popular orlada con nuevos y más vivos matices.

La chilena Violeta Parra, una de las mayores folcloristas de América Latina, poetisa, cantautora, pintora y ceramista, también figura entre las más relevantes decimeras. Bastaría con recordar que escribió su autobiografía en este género. Apreciemos una espinela de su lírico y nostálgico Volver a los diecisiete:
Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo
es como descifrar signos
sin ser sabio competente.
Volver a ser de repente
tan frágil como un segundo.
Volver a sentir profundo
como un niño frente a Dios.
Eso es lo que siento yo
en este instante fecundo.

La décima entra a Colombia por la Costa Caribe. Se detiene y crece en las tres ciudades porteñas. En las ubérrimas sabanas de Bolívar, Córdoba y Sucre. En los pintorescos pueblos ribereños. En los vallenateros caseríos de La Guajira y el Cesar. En la Región se le rinde culto durante los carnavales, que se celebran en varias ciudades y numerosos municipios, y mediante significativos festivales.
Un buen ejemplo de espinela en el Caribe colombiano lo hallamos en A Cartagena, la sonora creación del maestro Gabriel Segura, singular decimero soledeño. Versos que luego inmortalizaría ‘Checo’ Acosta, a modo de introito de una popular canción.

Por sus fiestas novembrinas
y su santo San Martín
llevamos alegría sin fin
hasta sus playas marinas
y en las horas vespertinas
se leva la mar serena
luego la mujer morena
por el camellón pasea
y el negro que la desea
así eres tú Cartagena.

En el río caudaloso de nuestra cultura popular, con hondas raíces en las manifestaciones espirituales y materiales de las etnias indígena, blanca y afrodescendiente, la décima se encamina hacia distintas modalidades que afloran en las fiestas patronales de varias poblaciones y en festivales más especializados, tales el de Soledad y Campo de la Cruz, en el Atlántico, y Sabana Nueva, en Córdoba.

Entre aquellas modalidades, en las cuales deben competir los decimeros para demostrar su creatividad, se destaca la décima de ‹pie forza’o›. Es muy empleada en los concursos de repentismo y se caracteriza porque el verseador está obligado a repetir el ‹pie forza’o› en el último verso de cada estrofa.

Otra modalidad es la décima de ‹pie pisa’o›: Es aquella donde el último verso de cada estrofa se repite en el primer verso de la siguiente. También es muy empleada en los concursos de repentismo, pues los decimeros no saben con cuál verso cerrará su estrofa el antagonista.   

La décima glosada o redondilla comienza con un cuarteto que funge de ‹pie›. Allí por lo general el primer verso rima con el cuarto, y el segundo con el tercero. Luego siguen cuatro estrofas de diez versos, y cada una de ellas debe finalizar con el primero, segundo, tercero y cuarto verso de la redondilla o cuarteto inicial, respectivamente.

A guisa de muestra traemos la décima ‹El perico de Juanita›, de la autoría del popular Indio Oviedo, oriundo del municipio de Momil, en el departamento de Córdoba. Para abreviar, solo citaremos el cuarteto inicial o redondilla.

Juanita tiene un perico
le nació pela’o y sin plumas
cuando le nacieron unas
se le puso más bonito.

Luego siguen las cuatro estrofas de diez versos, donde la primera termina así: Juanita tiene un perico. La segunda: le nació pela’o y sin plumas. La tercera: cuando le nacieron unas. La cuarta: se le puso más bonito. Para componer esta décima el Indio Oviedo se inspiró en una mulata chocoana que lo desvelaba.

Algunos decimeros construyen un
tipo de décima llamada estrojá o
estrojada, que en realidad es una variante
de la décima glosada o redondilla, la
diferencia radica en que en la estrojada cada una de las estrofas de diez versos debe
finalizar con los dos últimos versos del
cuarteto inicial o redondilla.

No podía culminar este breve estudio sobre la espinela sin una referencia a la elegante décima del maestro Daniel Lemaitre, el notable patriarca cartagenero, creación que inserta en su libro Corralito de Piedra, donde le canta a su tierra natal con verdadera unción.

No me depare el destino
la quietud de la montaña,
ni ninguna tierra extraña
que tenga un solo camino.
Quiero mi ambiente marino
que a toda extensión convida,
y amo su canción sentida,
porque en horas de pesar
solo la canción del mar
me pone en paz con la vida.

Además de brillante en la forma, esta décima respira identidad y sentido de pertenencia, vale decir, registra un pensar lo propio.

Tomás Rodríguez Rojas: miembro de la Academia Hispanoamericana de Letras y Ciencias

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