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Latitud 08 de Octubre de 2017

«La mujer eterna del Che fue la revolución»

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Foto: Archivo

El revolucionario argentino, Ernesto ‹Che› Guevara, quien sigue siendo recordado a 50 años de su muerte.

Alexandre Peyrille, AFP

Entrevista con Juan Martín Guevara, hermano del compañero de Fidel en la revolución cubana.

Cincuenta años después de su muerte, el argentino Ernesto ‹Che› Guevara, compañero en la revolución cubana de Fidel Castro, es hoy una figura mítica y lo será dentro de 300 años, asegura su hermano, Juan Martín Guevara.
En una entrevista con la AFP, el hermano de 74 años del revolucionario sin fronteras cuenta la intimidad de la familia Guevara y confiesa su pena de no haber podido acompañar en su última misión al Che, ejecutado por soldados bolivianos el 9 de octubre de 1967.

Hace pocos meses, Juan Martín, el menor de los cinco hijos de la pareja Guevara De la Serna, presentó el libro Mi hermano el Che.

P  ¿Cómo murió el Che en Bolivia?
Dicen que fue en combate, pero en realidad, no. Fue un asesinato del ejército boliviano. Le sacaron una foto como si fuera un trofeo. El Partido Comunista de Bolivia lo traicionó. No hay ninguna duda de que la URSS tuvo mucha importancia en su muerte. Las dos organizaciones de inteligencia más potentes del mundo en esa época, la KGB y la CIA, estaban muy de acuerdo en que no funcionara ese proyecto revolucionario latinoamericano. No le convenía ni a Estados Unidos, ni a la URSS. ¿Valía la pena que él se pusiera al frente de un grupo pequeño en Bolivia? Ahí coincido un poco más con Fidel (Castro).

P  Si no hubiera muerto, ¿qué sería del Che?

R  Latinoamérica sería libre, soberana, independiente y socialista. Era lo que él quería. Hubiera triunfado. Hasta la victoria siempre, le va bien al pensamiento del Che. ¿Por qué no se quedó de ministro de algo en Cuba? Porque no era su objetivo en la vida. No era de sentarse en un escritorio. Siempre puso el cuerpo.

Cristo y el Che

P  ¿Cómo te enteraste de la noticia?

R  Yo trabajaba en una empresa de productos lácteos. En la madrugada aparecieron los diarios con la foto. Habían anunciado su muerte varias veces. Esta vez pensé que sí era cierto. Nos informaron desde La Habana que era el Che, que era Ernestito. El secretario de Interior de Bolivia había mandado a Cuba las manos, que le habían cortado para tomar las huellas dactilares, y el diario del Che.

P  ¿Cómo explicas la fama mundial del Che, medio siglo después?

R  Si los mitos existen es porque las sociedades los generan. Las dos imágenes más conocidas en el mundo eran la de Cristo y la del Che. Un amigo después de leer eso me dice: «La de Cristo es mucho más conocida». Claro, pero a Cristo lo asesinaron hace 2.000 años, al Che, hace 50. Le dije a una amiga: ni vos ni yo vamos a vivir dentro de 300 años y el Che va a seguir siendo el Che.

P  Su prestigio parece más importante fuera de Argentina...

Transmitir el pensamiento del Che en Argentina es más difícil, es riesgoso. Acá dicen que «el Che era sangriento y asesino». Es por el temor que esos valores triunfen donde vos tenés millones de hectáreas, no sé cuántas fábricas, mucho dinero. En otros lugares es más lejano el riesgo. Nada es ingenuo.

P  ¿Cómo era su carácter?

R  Cuando tenía algo en la cabeza, lo hacía. Era visionario, profundo en el pensamiento. En 1965 vaticina que la URSS va para atrás y recién en los años 90 va para atrás. El legado que deja a la juventud es su ética, su acción, los ‘huevos’ (coraje). Él nunca dejó de ser argentino. No pudo olvidar el mate y el asado.

Un ‹sex symbol›

P  ¿Cómo era ser hermano del Che?

Yo fui militante estudiantil antes del triunfo de la revolución. Mi familia era politizada. Y no es lo mismo ser hermano del Che que ser hermano de Pepe García (un fulano cualquiera). Nos enseñó a no leer las cosas como la Biblia. Tenía un concepto antidogmático, de libertad. Cuando fui a La Higuera (Bolivia) pensé: «¿Por qué yo no estuve acá?, ¿por qué no lo acompañé?». Ser su hermano no siempre ha sido fácil. Nos han puesto bombas en casa, ametrallamientos, tiros. Uno sabe que los intereses que ha tocado son muy poderosos.

P  ¿Cómo era su hermano con las mujeres?

Atraía a las mujeres. No era muy exigente en la belleza femenina, tenía que ser gente normal. Hilda (su primera esposa) no era Brigitte Bardot, ni Sofía Loren. ¿La mujer
de su vida? Qué se yo. Aleida March es la mujer más importante, le dio 4 hijos, convivió con él en Cuba. Pero la más importante de sexo femenino fue la revolución, la mujer eterna del Che. 

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