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Latitud 26 de Febrero de 2011

“A los 20 años me cohibía mi cuerpo, ya no”

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Rita Bendek me pide que le suba el cierre de su vestido. Es un modelito negro al estilo Jackie O, en el que su cuerpo se ajusta perfecto. Lleva puestos unos tacones negros de 15 centímetros y unas gafas oscuras que complementan su primer vestuario para la sesión de fotos en un restaurante del norte de Barranquilla. La Bendek muestra lo que sabe, fue modelo en sus inicios. Toma una copa de vino, se acerca un cigarrillo hasta los labios; hay una lámpara de cristal de murano cuya luz le da al ambiente un tono de antiguo film, donde la heroína, interpretada por la actriz barranquillera, espera la llegada de su amante. En el segundo y último cambio de ropa, aparece con un largo traje perlado, se recuesta a una de las paredes del local donde dos pesados relojes cuelgan inmóviles: ahora es una diva quien parece decir, susurrando, reloj no cuentes las horas. Esa es Rita Bendek, mil mujeres en una sola. La más natural de ellas se sienta en la terraza del restaurante y nos cuenta un poco de su vida.

Poca gente conoce que sus inicios se dieron en el mundo de la moda, cuéntenos un poco de esa época.

Fui modelo cuando vivía en Barranquilla, antes de irme a estudiar fuera. Todo comenzó con una foto para este periódi¬co, y eso desencadenó lo del modelaje. Des¬pués viajé al exterior a estudiar psicolo¬gía, pero descubrí, ya graduándome, que la gente esta¬ba mejor sin mí como psicóloga, porque no tengo la paciencia ni el tem¬peramento para ello. Comencé a estudiar diseño de modas, pero no terminé. Sencilla¬mente quería es¬tudiar actuación.

¿Cómo llegó al mundo de la televisión?

Luego de 10 años viviendo fuera, regre¬sé al país con la idea de la actuación . Afortuna-damente, un amigo, Pe¬pe Enciso, estaba trabajan¬do en producción, para una novela nacional que grababan en Barranquilla, y me llamó a ofrecerme un personaje que mataban en el primer capítu¬lo. Pero la novela no funcionó y cambiaron al director. Entró Felipe Aljure, y él me hizo un casting que nunca se utilizó, pues cancelaron la novela. Pero el casting quedó y lo vio otro director, el señor Kepa Amuchastegui, quién me lla¬mó y me pidió ir a Bogotá a hablar con él. Me dijo que el personaje era mío. Era la an¬tagonista de una novela lla¬mada El manantial.

Luego de tantos años de estar actuando, ¿cuál ha sido su mayor logro?

Ha sido mantenerme, se¬guir trabajando después de tanto tiempo. Eso es impor¬tante hoy en día, sobre todo porque todo el mundo quiere ser famoso, quiere salir en te¬levisión y llamarse actor. Hay mucha competencia, y los personajes que nos ofrecen a las actrices ‘mayores’ son li¬mitados, como si después de cierta edad a las mujeres se nos acabara la vida.

Como actriz, ¿sería ca¬paz de hacer cosas trans¬gresoras?, ¿interpretaría, por ejemplo, a una chica gay?, ¿podría escenificar algo como esto?

Hoy en día quiero hacer co¬sas diferentes en cuestión de actuación. Todo lo que signifi¬que un reto actoral es más que bienvenido, pues creo que de eso se trata este trabajo, de ha¬cer cosas que son diferentes a uno. Por eso, me siento segura y puedo jugar con muchas co¬sas, inclusive el lesbianismo. Lastimosamente, los produc¬tores no me los ofrecen. De hecho, ya hice un personaje así hace mucho tiempo para un seriado, y la verdad es que causó algo de polémica. La otra actriz estaba muy nervio¬sa. Yo en cambio pensaba que si el director consideraba ne¬cesario que nos diéramos un beso, tenía que confiar en él.

Apareciste en Soho recientemente, ¿cómo se sintió mostrando su cuer¬po a los colombianos y de paso revelando su edad?

(risas) Esa es la pregunta obli¬gada últimamente, ¿por qué? La verdad lo hice porque podía. Porque quiero que dejemos de ver y pensar que la edad es al¬go feo o malo, o poco deseable, sobre todo en las mujeres. Por¬que tengo una familia que me apoya y me deja ser. Y porque me sentía algo cohibida con mi cuerpo a los 20, ahora ya no. La verdad, fue un buen ejercicio, algo liberador. Eso no quiere decir que voy a andar empelo¬tándome todo el tiempo.

¿Cree que en la televi¬sión prima el talento de los actores? ¿Se ha superado eso de la actriz bella y bruta?


Creo que hay de todo, hay gente muy buena que se ha preparado y es talentosa. Lo que preocupa es los que no tienen talento y que solo por el hecho de ser populares o de salir de un reality ya creen que tienen el cielo ganado. Sin embargo, creo que existe un proceso, algo así como una ‘se¬lección natural’, y poco a po¬co van saliendo aquellos que no funcionan para nada. En cuanto a lo de la actriz bella y bruta, sí está superado. Los ejemplos son Martina García, Flora Martínez, Alejandra Az¬cárate y muchas más.

Hablando de brutas, aparece en la serie de Sony ‘Los caballeros las prefie¬ren brutas’ haciendo el papel de una madre algo intensa, ¿cómo es en la vida real en su papel de madre?

Tocaría preguntarle a mi hija, pero ella me ha dicho que soy intensísima. La verdad es que sí lo soy, pero razono. Si ella me da argumentos, los acepto con gusto. De hecho, me ha dejado callada varias veces. Me diferencio de Alma, mi personaje en Los caballe¬ros, en que yo no creo que una mujer no es alguien sin un hombre al lado.

Quienes la conocen dicen que es una bomba de tiempo, enérgica e impa¬rable. ¿Es una mujer de llegar hasta los límites?

¿Bomba de tiempo?, ¿de dónde sacan eso? Hay diferen¬tes tipos de límites, y usual¬mente no me gustan, pero entiendo que son necesarios. Puede ser que yo aparente mu¬cha energía y eso a veces la gen¬te lo ve como alguien dispuesto a todo, alocada, pero no es así. Tengo curiosidad por todo, por la literatura, la música, el cine, el arte, en todo lo que para mí es bello. Creo que como actriz y como persona lo necesito. Y si eso me hace parecer una bomba de tiempo, ¡qué bueno! Estallaría algo muy bonito.

¿Un actor se consagra a través de los protagóni¬cos?

Pienso que los protagónicos te exponen más al público, la gente los ve mucho más. Esa es una presión que es difícil de evadir, los productores y los espectadores esperan algo de ti. Si tienes el talento para sacarlo adelante te consagras, ponle la firma. Los personajes de reparto te dan más liber¬tad, puedes improvisar, te de¬jan hacer más cosas. Lo ideal para mí es lograr hacer ambos.

¿Ha tenido choques durante las grabaciones con alguna otra actriz?

La verdad es que he tenido mucha suerte, no he tenido roces con actrices en el set. Algunas los han tenido con¬migo, pero eso es otro cuento. Cuando siento una mala energía con otra actriz procuro no darle importancia, me resba¬la, y así las cosas no se van a mayores. Es que se necesitan dos para bailar tango, como suelen decir.

Hablando de las últimas producciones colombia¬nas, ¿no piensa que tele¬novelizar la historia del país puede es un riesgo, al tergiversar los hechos reales?

Pienso que deberían ser claros y decirle a la gente an¬tes de cada episodio que lo que están viendo no es historia, que es basado en algo real, pero sin embargo me parece importante que se hable de nuestra historia, que se cree la curiosidad en la gente.

Es una excelente bailarina, ¿con quién se iría una noche de baile?

El baile es como una terapia es absolutamente necesaria. Así esté cansada, el solo hecho de bailar me relaja. La verdad es que después de ver a Cuco Valoy bailando en el escenario del Amira, en el Carnaval de las Artes, me encantaría bailar con él. ¡Qué sabrosura!

¿Qué hace cuando está fuera de las grabaciones?, ¿cómo es esa Rita sin los reflectores?

La verdad soy una persona normal, voy al supermerca¬do, salgo con amigos todo el tiempo, hago lo que hace todo el mundo. Es más, me critican porque salgo a la calle sin ma¬quillaje, pero la verdad es que poco me importa. Me maqui¬llan suficiente cuando trabajo, ¿para qué más? No es vida pa¬ra mí ese tipo de imposiciones que la gente cree que uno, co¬mo figura pública, debe tener.

¿Qué cosas hacen que se rinda ante ellas?

La verdad es que un atar¬decer hermoso me derrite, la brisa y la gente barranquillera también. El calor de mi fami¬lia, la música, el mar…

A pesar de vivir y traba¬jar en Bogotá, siempre regresa a Barranquilla. ¿Así será siempre?

No lo sé, uno no puede pre¬decir el futuro. Pero así ha sido hasta ahora, y pienso que lo se-guirá siendo mientras yo pue¬da.
 

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