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Latitud 21 de Mayo de 2017

“Mi vida no ha transcurrido sobre un sendero de pétalos de rosa”: Petrona Martínez

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La ‘Reina del Bullerengue’ se confiesa.

Por Fausto Pérez Villarreal
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Justo el Día de las Madres, el pasado domingo, cuando departía con su hija Aracelys Llerena y otros familiares en su casa de Arjona (Bolívar), ‘La reina del Bullerengue’, Petrona Martínez sufrió una isquemia cerebral que la mantiene en cuidados intensivos. El siguiente es un capítulo inédito del libro ‘El Bolívar canta’, de próxima publicación.

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Antes de que los gustosos de la música diseminados en diferentes lugares del planeta supieran de ella, Petrona Martínez era una anónima ‘camelladora’ que se ganaba la vida sacando arena de un riachuelo cuyo cauce está a pocos metros de ‘la cola del patio’ de su casa en Palenquito, vereda de San Basilio de Palenque, corregimiento de Mahates (Bolívar).

“Sacar arena del Arroyo de Lata, y luego venderla, es una actividad común para los nativos de Palenquito. Esa arena es transportada en volquetas y vendida en Cartagena. Cada viaje cuesta 55 mil pesos. De eso vive mucha gente aquí en el pueblo”, me dice Petrona, en el patio de su casa, techado de palma amarga.

Me cuenta que también vendió dulces de coco en la calles de Malagana y lavó ropa ajena en casas de familia, en Montería.

“Mi vida no ha transcurrido sobre un sendero de pétalos de rosa”, señala esta cantadora que logró la fama y el reconocimiento cuando ya había trascurrido más de medio siglo de su vida. “He caminado muchas veces con los pies descalzos y sobre espinas”, agrega en forma figurada.

Heredera de una sólida tradición de cantadoras de bullerengue, entre las que sobresalen los nombres de Irene Martínez con sus Soneros de Gamero; La Niña Emilia Herrera, Estefanía Caicedo y Totó La Momposina, Petrona Martínez también ha sabido ganarse su espacio entre las grandes. A la hora de hacer un balance, su nombre se sitúa al lado de las figuras ya citadas y de otras no menos talentosas como Graciela Salgado, Etelvina Maldonado, Martina Camargo e Inelda Piña.

Petrona es autora e intérprete de alegres piezas del folclor colombiano y tiene en su haber dos nominaciones al Grammy Latino (en 2002 por su producción discográfica ‘Bonito que canta’ y en 2010 por ‘Las penas alegres’). Lidera un grupo conformado por 9 integrantes, de los cuales ella es la voz principal; hay dos coristas, tres tambores, dos gaitas y un bombardino.

“Todo lo que producimos es natural y espontáneo, sin artificios ni adornos como esta casa de bajareque donde vivo. El sabor está latente, y no necesitamos de muchos argumentos ni de estados de ánimo para componer”, dice.

En ese sentido, el poeta de Sahagún (Córdoba), Gustavo Tatis Guerra, asegura en un acertado texto publicado en la página oficial del Ministerio de Cultura que “Petrona Martínez no da vueltas para hacer una canción. Puede cantarles a los doce patos que tiene en el patio de su casa en Palenquito, a las hojas del mango que han empezado a caerse en el verano, a la tristeza del tamarindo”.

HIJA DE DOS MADRES Y DOS PADRES. Petrona Martínez vio la primera luz el 27 de enero de 1939 en San Cayetano, uno de los seis corregimientos de San Juan de Nepomuceno, municipio de Bolívar. Toda su infancia transcurrió en las destapadas calles de esa, la denominada ‘Capital mundial del ñame’.

Relata el periodista Juan Carlos Díaz, en su libro de crónicas ‘Ese man es Marlon Brando’, publicado por Ediciones Pluma de Mompox, que cuando Petrona vino al mundo, “su madre biológica, Otilia Villa, se complicó en el parto y no pudo amamantarla, lo que obligó a que Candelaria Valdés, su tía y madrina, se encargara de criarla.

“Como su madre biológica ‘aborreció’ a su padre Manuel Salvador Martínez, le correspondió a Vidal Martínez, esposo de Otilia Villa, terminar de criarla, lo que para Petrona, en lugar de haber sido una tragedia, significó una bendición.

“Soy la única que ha tenido dos mamás y dos papás”, señala Petrona, y advierte que la relación con los cuatro (su madre biológica falleció hace más de 35 años) siempre ha sido la mejor”.

De San Cayetano salió hace más de un cuarto de siglo en busca de un mejor vivir, pero confiesa que lo lleva presente en su mente y en su corazón.

Montería fue la primera ciudad que le abrió las puertas. Allí se enamoró y se comprometió. Adolfo José Díaz fue el primer hombre en su vida. De la unión nacieron sus dos primeros hijos: Luis Enrique y María del Carmen. Sin embargó, la unión no duró mucho.

“Al principio las cosas marcharon bien pese a las dificultades económicas, pero después la situación se tornó insostenible y nos separamos”, dice Petrona, quien siempre tenía un espacio para el canto.

“He tenido altos y bajos a lo largo de mi vida, pero el día más amargo de mi existencia fue aquel 25 de febrero de 1996, cuando asesinaron a mi primogénito Luis Enrique, en Cartagena, para robarle un reloj de oro. Tenía 33 años”.    

UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD. Una vez separada de su marido, Petrona Martínez se fue a vivir con sus dos pequeños hijos al municipio de Arjona, donde conocería al segundo y definitivo hombre de su vida: Tomás Enrique Llerena.

“Tomás ha sido el hombre de mi vida. Ha estado conmigo en las buenas y en las malas. Me premió con cinco hijos más, y con él me vine a vivir, en 1981, aquí a Palenquito. Esta casa me la compró él”, dice la mujer.

A pocos metros de la ‘cola del patio’ de esa casa, en el Arroyo de Lata, comenzó el cambio en la vida de Petrona.

Sucedió una mañana de septiembre de 1984 cuando Marcelino Orozco, otro músico cimarrón perdido en las faenas de campo –como lo describe Juan Carlos Díaz- escuchó la prodigiosa voz que parecía provenir del cielo y, de inmediato, se acordó que en Gamero, corregimiento de Mahates, estaban buscando gente para formar un grupo folclórico.

“Fue Marcelino, ya fallecido, quien me insinuó y finalmente me convenció para que me fuera a Gamero, a integrarme a una agrupación musical dirigida por José Carrascal. Eso fue en una entrega de regalos del Niño Dios de ese año 84. De ahí nació la agrupación Petrona Martínez y los Tambores de Malagana. En 1989 grabamos nuestro primer long play: ‘Petrona Martínez y los Tambores de Malagana’. Después sacamos dos discos más: ‘El folclore vive’ y ‘El destape del folclor’. Lo mejor estaba por venir”, señala Petrona.

En un artículo autoría de Alfredo Vanín, este nos cuenta que a Petrona la visitó en 1998, en su casa de Palenquito, la documentalista francesa Lisette Lemoin con el fin de hacerle un trabajo audiovisual.

“El documental va a Francia y desde Francia la hace famosa en Colombia con el disco ‘Le bullerengue’, superando los anteriores debido al sentimiento y originalidad que le entrega ella a este álbum, en gran parte impregnado por el dolor de su hijo Luis Enrique, recientemente fallecido”, escribió Vanín.

“Vicente Medrano, un gran percusionista cartagenero llamado ‘El Doctor’, aparece en un momento providencial y le propone hacer un concierto de precarnavales en Barranquilla. Petrona canta y triunfa.

“Vendrían los álbumes ‘La vida vale la pena’ y ‘Bonito que canta’, éxitos rotundos. Continuarían sus viajes a Bogotá –donde llenaría dos veces el Teatro Colsubsidio y la Media Torta–, y por otras ciudades del país. Sus giras por el exterior la llevarían por España (Barcelona, Huelvas), Inglaterra, Alemania, Francia, Bélgica, San Marino, México, Estados Unidos, Brasil, Canadá, Malasia, Marruecos, Paraguay, Chile y Argentina”.

Edificadora de una fulgurante carrera gracias a su talento, disciplina y enjundia, Petrona es reconocida como la voz más representativa del bullerengue en Colombia. A sus 73 años sigue produciendo música y, por ende, generando alegría.

Palenquito, julio de 2012

 

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