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Latitud 02 de Noviembre de 2014

Un pensamiento vigente

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Jaime álvarez Llanos*
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CARRERA POLÍTICA ASCENDENTE
Rafael Uribe Uribe nació en Valparaíso (Antioquia) el 12 de abril de 1859, en la hacienda El Palmar, que en esa época pertenecía a jurisdicción del municipio de Caramanta. Hacía parte de una familia de campesinos antioqueños de recursos económicos medios, artífices del fenómeno poblacional y demográfico conocido como la colonización antioqueña. Los Uribe eran de tendencia cultural civilista, por lo que se marginaron de las contiendas militares de mediados del siglo XIX. Rafael Uribe Uribe formó su carácter en el seno familiar acompañando los quehaceres rurales, que alternó con la educación básica primaria recibida directamente de su señora madre, hasta que cumplió 8 años de edad. Desde ese momento sus padres, Tomás Uribe y María Luisa Uribe de Uribe, decidieron radicarse en Medellín para ofrecerles una mejor educación a sus hijos.

A los 12 años ingresó a cursar sus estudios secundarios en la sección de bachillerato de la Universidad de Antioquia, que poseía un programa de formación básica general, denominado Colegio del Estado, donde en medio de principios estrictamente conservadores, recibió, además de conocimientos de cultura general, capacitación en logística y disciplina militar.

En el último año de estudios, antes de graduar de bachiller en un colegio de Buga, fue reclutado, con solo 17 años, para combatir en defensa del Partido Liberal que gobernaba el Estado soberano del Cauca contra el Estado Soberano de Antioquia, gobernado por los conservadores, en el marco de la guerra religiosa de 1876. Ya titulado bachiller, después de la guerra, Rafael Uribe Uribe recibió una beca del Estado de Antioquia para cursar Jurisprudencia en el Colegio Mayor del Rosario, en Bogotá, donde estudió hasta graduar como abogado en 1880. Más tarde se desempeñó como procurador del Estado soberano de Antioquia. En 1882, siendo docente de la Uniantioquia, comenzó su incursión en la producción escrita de opinión política, colaborando como redactor de revistas políticas liberales de la región como La Consigna y La Unión.

Sus experiencias militares se repitieron en 1885 cuando, en calidad de coronel, dirigió las tropas liberales de Antioquia, en el marco de la guerra del radicalismo contra el gobierno regenerador del Rafael Núñez. En esa guerra mató a uno de sus soldados porque intentó armar una insubordinación al interior de su ejército. Uno de sus biógrafos lo justifica así: «Amigo en extremo de la disciplina y del respeto, no permitió nunca que sus órdenes fuesen discutidas, como lo demostró tempranamente con este insuceso al que se vio obligado para poder mantener su autoridad y la cohesión militar de su batallón. Por este hecho fue encarcelado y juzgado por el gobierno conservador, pero salió absuelto».1

En 1893 regresó a Bogotá, integrándose más activamente al Partido Liberal. En esos tiempos el tesorero de la Dirección Nacional Liberal, Eustaquio de la Torre, lo contrató para administrar unos cafetales de Viotá.

En la guerra civil de 1895, considerada por la historiografía nacional como una aventura belicista casi demencial, donde, de manera rápida y aplastante perdieron los liberales contra el gobierno conservador de Miguel Antonio Caro, Uribe Uribe debió participar como disciplinado dirigente de su partido. Su intervención culminó con su detención por cinco meses en una cárcel de Cartagena a manos del ejército oficial. Al salir de prisión fue elegido, en 1896, como representante a la Cámara, siendo el único parlamentario liberal, puesto que el ya usual fraude electoral permitió la toma casi plena del Congreso por parte del conservatismo. Allí se batió solo contra la aplastante mayoría oficialista, pero por su dinámica política, su arrolladora oratoria, sus constantes denuncias de abusos de poder y su papel de fiscal del establecimiento, logró el prestigio necesario para ser el principal opositor al gobierno y uno de los más importantes líderes nacionales del liberalismo.

DE LA GUERRA
A LA PAZ
El sectarismo del Partido Conservador en el poder, la intolerancia ideológica, religiosa y política de su gobierno y la exclusión de los liberales de toda participación burocrática se sumaron a la tendencia belicista de los dirigentes liberales para que en 1899 estallara la más cruenta guerra civil del siglo XIX, conocida como Guerra de los Mil Días, que se extendió hasta 1902. En esta guerra tuvo Uribe Uribe un notable protagonismo, tanto en su estallido como en su devenir militar y su desenlace. Combatió con toda convicción y ardentía según en ese momento le imponían sus ideales.2 En esta guerra que costó más de cien mil muertos, la idea guerrerista de muchos líderes se fue transformando. Ese fue también el caso de Uribe Uribe, que pasó decididamente de belicista a pacifista.

Uribe Uribe fue uno de los firmantes del tratado de paz que dio fin a la Guerra de los Mil Días en la hacienda Neerlandia. Desde ese momento trasladó su lucha del terreno militar al papel y a la tribuna parlamentaria. En Barranquilla, al licenciar y disolver sus tropas dijo: «Hemos combatido por la verdad y la justicia; nada se nos dé si la fortuna veleidosa nos volvió la espalda. Despidámonos como soldados y preparémonos a saludarnos como ciudadanosS».3

En 1909 resultó elegido representante a la Cámara por Antioquia, y en 1911 fue senador de la República por Antioquia y por Caldas. En ese año fundó el diario El Liberal, como órgano ideológico directriz de su partido, propagador de las ideas liberales y fomentador del progreso nacional. Uribe Uribe encarnó en su época la conciencia social liberal y después de la Guerra de los Mil Días enarboló la bandera de la concordia por reconstruir una nación en ruinas.

El ideario del líder liberal adquiere, tal vez, su mayor riqueza política en los discursos que puso en circulación durante la primera década de este siglo. Pero en este aparte del trabajo se inicia el análisis con textos del siglo XIX, porque en ellos se hallan elementos cuya vigencia es indiscutible. Por ejemplo, otra disertación memorable, que hoy se hace necesario destacar fue el “Tratado de la tolerancia”, que pronunció tres días después de haber expresado el “Tratado de la igualdad”.

SU MUERTE
El carácter radical de sus posiciones y su visión hábil y en ocasiones pragmática de las coyunturas políticas, así como la complejidad de la correlación de fuerzas en cada período, no le permitieron unificar plenamente al Partido Liberal en la primera, ni a principios de la segunda década del siglo XX. Su participación en el gobierno del quinquenio lo marginó del movimiento coalicionista de la Unión Republicana que alió a liberales con algunos conservadores, en oposición a la gestión cada vez más autoritaria y errática del general Rafael Reyes. Por eso no participó en los acontecimientos que confluyeron para que cayera el gobierno de Reyes en marzo de 1909.4 Fue así como formó una fracción liberal no republicanista que se llamó el bloque liberal. Esta fracción, liderada por Uribe Uribe, hizo oposición al gobierno de Carlos E. Restrepo (1910-1914), en el que en los primeros años participó el sector del liberalismo que hacía parte de la coalición de la Unión Republicana.5 Por esa razón, el Partido Liberal llegó fraccionado a la elección presidencial de 1914. Los antiguos republicanos presentaron a Nicolás Esguerra como candidato. Rafael Uribe Uribe, consciente de que así dividido el liberalismo no tenía nada qué hacer contra la candidatura del conservador José Vicente Concha, decidió hacer coalición con el conservatismo. El resultado fue la victoria aplastante del candidato de la hegemonía.6 Una vez integrado el gabinete de Concha con participación de dos ministros liberales, recomendados por Uribe Uribe, dos humildes artesanos bogotanos Leovigildo Galarza y Jesús Carvajal, convencidos de que el líder liberal era el culpable de la crisis económica que los había dejado sin trabajo, le propinaron varios hachazos mortales en la cabeza, cuando subía las escalinatas del Capitolio Nacional, el 15 de octubre de 1914.7

Así murió la figura quizá más promisoria del liberalismo colombiano a principios del siglo XX y uno de sus más importantes ideólogos en toda la centuria.

VISIÓN PROGRESISTA DEL ESTADO

Quizá, una de las grandes contradicciones entre los Estados manejados por proyectos político-ideológicos que se inspiran en la democracia liberal y los Estados dominados por proyectos político-ideológicos que se inspiran en el socialismo, y que ha sido la gran polémica del siglo XX, se centra en la responsabilidad que tiene el Estado para con su sociedad. Para la democracia liberal el papel del Estado es el de administrar mejor las leyes y los mecanismos de regulación en aras de la igualdad de oportunidades. Para el socialismo el papel de Estado es administrar mejor los recursos en aras del bienestar colectivo en términos de equidad de condiciones. En ese debate, las posiciones, que se han considerado más progresistas se identifican con la segunda opción. Debe haber un estado fuerte e interventor, para que sea más responsable con su sociedad. En ese aspecto, Rafael Uribe Uribe en su pensamiento político se puede identificar como progresista, porque para él: «...Solo el Estado, que es perpetuo, representa los intereses perpetuos de la sociedad; solo él puede hacer desembolsos reproductivos al través de los años; solo él puede, con larga visión, imponer sacrificios a las generaciones actuales para preparar a las venideras una existencia mejor. En nuestra Colombia, solo el esfuerzo colectivo, bien dirigido y honradamente manejado, puede sacarnos de la postración presente para convertirnos en lo que debemos ser: un pueblo rico, grande y glorioso, el primero en Hispanoamérica».8

IDEAS DEMOCRATIZANTES

En relación con sus propuestas para la modernización del sistema electoral, Uribe Uribe propuso algunas medidas de renovación que estaban encaminadas al mejoramiento del sistema democrático representativo, que, aun cuando teóricamente es restrictivo de la verdadera democracia, para el caso colombiano, en la época de Uribe Uribe funcionaba tan rudimentariamente, y con tantas limitaciones legales al sufragio libre que era absolutamente permeable al fraude, a la manipulación de resultados y a la coacción de los votantes.9 Al respecto Uribe Uribe planteó varias ideas reformistas relacionadas con la elección directa de los senadores, renovar la Cámara y el Senado, cada dos años, reemplazar el sistema del voto incompleto por el acumulativo, retiro del voto a la fuerza armada, etc.10

Esa evidente preocupación por la pureza del sufragio en el pensamiento de Uribe Uribe, no solo era absolutamente consecuente con la necesidad de modernización que requería el atrasado sistema electoral colombiano de su época, sino que además era una legítima aspiración de un pensador optimista que concebía la democracia como un sistema puro, que puede poner en evidencia las mejores cualidades de los hombres. Parecía estar convencido de que mejorando el sistema electoral y por tanto eligiendo en los procesos democráticos a las personas más capaces y comprometidas con el bienestar general de su comunidad, se podría construir una nación más próspera y más justa. Eso lo corrobora el siguiente aparte de uno de sus escritos, donde al referirse a la necesidad de cualificar el sistema electoral, afirmó: «...Disciplinada por aparte cada comunidad, es en las corporaciones deliberantes que resulten de elecciones ordenadas, donde los voceros genuinos de las distintas agrupaciones pueden y deben entenderse para realizar el bien general, según sus afinidades, pues la organización autonómica en el pensamiento de los que de buena fe la defendemos, lejos de impedir las inteligencias en favor del procomún, abre campo a las transacciones o acuerdos sobre puntos no doctrinales, con bases ciertas y expresas convenidas por mandatarios autorizados, en vez de la indeterminación creada con las alianzas individuales que ocasionan engaños y quejas».11

IDEARIO REFORMISTA
En uno de sus discursos en el Parlamento hizo una síntesis de sus ideas para mejorar la situación de los trabajadores, planteando que: «...Es indispensable para construir una sociedad más digna y justa instaurar la limitación de las horas de trabajo, el descanso semanal, la reglamentación de labores para menores y mujeres, la seguridad industrial, la atención médica de los accidentes de trabajo, las pensiones de vejez y de muerte y el establecimiento de cajas de ahorro, todo a través de un código de trabajo que se encargue de evitar las injusticias».12 Consideró al sindicalismo como un factor importante como fuerza ordenadora del querer de los obreros. Del cooperativismo llegó a conceptuar que era uno de los medios para transformar las condiciones del país: «Lo que se necesita es el desarrollo del espíritu de asociación».

De igual forma sugería que el proletariado se esforzara por adquirir suficiente valor profesional o técnico a la vez que calidades intelectuales y morales. Estas calidades le permitirían ascender a la dignidad del patronato colectivo. Creía en las virtudes del cooperativismo, de las cooperativas, de los sindicatos y de todas las formas nuevas de agremiación, nacidas del contacto permanente entre los trabajadores. A todas estas propuestas Uribe Uribe le adicionaba otra serie de reformas que hoy nos permiten identificar su ideario como un avance hacia la democracia social. Entre tales medidas proponía asistencia a los ancianos caídos en la miseria, leyes sobre los accidentes del trabajo y protectoras del niño, de la joven y de la mujer. Obligar a los patronos a preocuparse de la higiene, del bienestar y de la instrucción personal, asistencia médica gratuita a desamparados, etc.13


Edición de la ‘Gaceta Republicana’, publicada dos horas después del atentado. La multitud que colmó la Plaza de Bolívar para asistir al funeral de Uribe Uribe. Foto: Museo de Arte Moderno de Bogotá.

En conclusión, el ideario de Rafael Uribe Uribe está preñado de propuestas progresistas que, no solamente coinciden con las iniciativas democratizantes que han circulado en la vida política del país a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, sino que también corresponden plenamente con las caracterizaciones actuales que la politología contemporánea ha realizado de los sistemas democráticos ideales.14

* Historiador. Profesor de la Facultad Ciencias Humanas, Universidad del Atlántico.
 

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