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Actualidad 01 de Noviembre de 2011

Gritar y hablar a gritos: ¿acciones totalmente diferentes?

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En el acto de hablar es recomendable desarrollar la costumbre de modular adecuadamente el tono, el ritmo y las inflexiones de la voz, pues esto logra resultados más eficaces en la mayoría de las situaciones.

Los gritos, por su parte, no son convincentes ni recomendados y muchas veces producen el efecto contrario al buscado; esto es, si el hecho de gritar se asocia con el natural desempeño del habla, pues en otras circunstancias posee sus objetivos específicos.

Según Giusseppe Creazzo, coaching en relaciones familiares, “un alto porcentaje de las personas gritan porque necesitan dejar escapar las tensiones que a nivel neurofisiológico, se producen cuando asimilan esa sobrecarga de energía que genera el obstáculo que padecen”; en el tema que nos compete exponer: si ese “obstáculo que padecen” a la hora de comunicarse es la misma necesidad de hablar, queriendo hacerse entender, entonces la ecuación puede tener, de acuerdo a cada caso, la siguiente respuesta: Hablar a gritos no es conveniente.

Socialmente, las connotaciones que tienen el gritar y el hablar gritando son entonces muy diferentes, tanto en forma como en fondo.

“El grito es la primera forma de expresión vocal y el principal instrumento comunicativo al cual se tiene acceso al nacer, pues es de origen innato y no hay una predisposición a, simplemente el recién nacido grita y ese sonido se convierte en su manifestación durante varios meses. Pero más allá de los bebés, las personas en general gritan porque es una acción fácil de utilizar, es rápido, no requiere un desgaste intelectual para su uso, consigue su objetivo: llamar la atención al proyectar una determinada emoción, infunde carácter, autoridad y le confiere mayor importancia de la debida a la situación”, asegura la psicóloga Dina Luz Andrade.

Pero el hecho de hablar gritado es, según los expertos, una costumbre aprendida por la permanente interacción con personas que lo hacen. La psicóloga clínica Sandra Sáez comenta que “es una perturbación lingüística, que se ha convertido en una manifestación cotidiana al hablar, y como medio de expresión cultural; porque se siente la necesidad de manifestar una emoción, sea espontánea o de manera reactiva. En todo caso es el deseo es ser escuchados en función de ser aprobados o desaprobados de acuerdo a lo que acontece”.

De este modo, el grito y el hecho de hablar gritando son acciones tan comunes como tener hambre y manifestarlo, lo que las hace diferentes es en definitiva, el propósito por el cual ocurren.

El dominio propio aparece entonces, según el científico social inglés Gregory Bateson como esa respuesta a la interrogante inicial, pues es “la única manera en que esta comunicación primitiva que se ha vuelto un hábito aprendido y que es a su vez, una reacción espontánea, llegue a ser expresada de la manera correcta o, rechazada a su debido tiempo”.

Es menester escuchar a los demás para que se pueda corregir ese hábito que muchas veces es el resultado de la educación que se adquiere desde casa.

Web experta

lafamiliaactual.blogspot.com publicó en su artículo ‘¿Cómo dejar de hablar a los gritos?’ que cuando el ser humano se siente inseguro, suele adoptar posturas agresivas: hablar gritando es una.

Otros aportes
Por: Giusseppe creazzo

Las emociones reales e inherentes al contexto del grito En mi ensayo ‘El actor y el grito’ exploro metafóricamente la realidad de las emociones que conllevan a cada caso: sea gritar o hablar gritando. “El grito se origina en la porción animal de nuestro ser racional, es ahí donde nos hermanamos: cuando el humano grita deja en libertad a la bestia que lo define. Por eso se necesita mucho entrenamiento para que un grito sea una autentica expresión de gozo, dolor, fragilidad o impotencia”.

Opiniones ante la teoría
Agradecimientos: Grupo de teatro Uniautónoma

Melissa Collazos, estudiante de Comunicación Social.

“Hablar a gritos es una forma de proyectar inseguridad, basta con que el volumen de la voz sea firme y claro para darse a entender. Como alumnos lo vivimos todo el tiempo con nuestros compañeros y profesores. Como actriz debo saber diferenciar eso, del grito, para no lastimar las cuerdas vocales”.

Edgar Larios, estudiante de Comunicación Social.

“Los actores gritamos para vencer el miedo al ridículo, para ejercitar nuestra libertad, porque nos gusta violentar la cotidianidad. Lo que construimos se basa en el vacío afectivo de una existencia a la que nosotros le damos vida: nuestro grito la convoca a ser parte de la realidad”.

Xenia Bartel, estudiante de Diseño Gráfico.

“Hablar y gritar son verbos que están muy ligados a la hora de ejecutarlos, solo un actor en contínuo entrenamiento puede ostentar un uso adecuado de la voz emitida en tono alto, y del grito: que no suenen vacíos e inocuos y por ende falsos. Hay una especie de graduación al lograrlos”.

Texto: Rafael Escobar S.
Twitter: @ralphsaumet

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