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Actualidad 11 de Noviembre de 2015

Historia de un barranquillero criado por una pareja gay

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Foto: Shutterstock

Inguel De La Rosa Vence
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¿Qué pasará con los niños que podrán ser adoptados por parejas homosexuales?, ¿heredarán o no su condición sexual?, ¿recibirán amor y una buena educación?, ¿se les garantizarán todos sus derechos?

Esta serie de interrogantes se debate en las calles de Colombia y en redes sociales como Facebook y Twitter desde que se conoció la decisión de la Corte Constitucional de avalar la adopción plena para parejas del mismo sexo.

La decisión está respaldada en los derechos de los niños a recibir amor y un hogar digno, donde puedan crecer y desarrollar todas sus facultades.

En un intento por resolver estas dudas, revista M!ércoles conversó con Samir Polo Martínez, un programador de software que hoy, a sus 37 años, se siente orgulloso de su padre homosexual y de haber recibido su crianza.

“Mi papá me adoptó cuando estaba recién nacido. A los 7 años me contó la situación, que él era gay y que yo le había sido entregado en adopción. No fue traumático, en realidad era un niño y con el tiempo fue que entendí cómo eran las cosas”, recuerda Samir.

Si hay algo que Samir valora y agradece hoy es el apoyo que recibió su padre y el ambiente de tolerancia en el que le fue posible crecer. Su padre no solo se codeaba con homosexuales, gente heterosexual también estaba cerca y respetaba su vida familiar. En el colegio también aprendió a reconocer quién era su padre y hacerlo respetar como tal.

“Antes (en los 80) era más complicado, ahora hay más libertad en ese tema, la gente lo ve con más aceptación. Pero me ayudó el hecho de que mi papá se rodeara con personas que no permanecían con un dedo acusador”, dice.

A los 8 años, Samir conoció a Fabián Gómez, la pareja sentimental de su papá. Sin embargo, “ante los ojos de Dios”, él asegura que nunca existió una falta de respeto. Su habitación era ‘sagrada’, allí no entraba nadie sin su consentimiento. Padre e hijo siempre han respetado las integridades de cada quien.

“Mi papá nunca me indujo a la homosexualidad. Él siempre me dijo que yo debía elegir lo que quería ser, que él me apoyaría, siempre y cuando no me hiciera daño a mí mismo o a los demás. Mi orientación es heterosexual, me gustan las mujeres y nunca he sentido atracción por un hombre”, añade.

Samir no conoce a sus padres biológicos. Tampoco siente que le hacen falta. Como cualquier ser humano —dice— se ha preguntado alguna vez cuál es su origen. Pero es de los que piensa que “uno solo extraña a las personas que están cerca”, para él no es posible extrañar algo que nunca ha tenido ni a alguien que no ha conocido. Eso sí, no desconoce que su tía paterna fue esa mujer que encarnó a su madre. Ella “merece ese crédito”, después de cuidar de él en sus días de infancia y adolescencia.

Samir deja claro que esta es solo su experiencia, él habla por lo que vivió, no se atreve a asegurar que otros niños correrán con su misma suerte.

“Hay que tener en cuenta que mi papá conserva muchos valores de la crianza de su mamá. Aunque suene raro por su condición, mi papá siempre me trató como un militar, fue fuerte, también me dio mis correazos y mis chancletazos como a cualquier pelao. Nunca fue irresponsable, siempre fue fiel a la manutención y a darme todo el amor que yo necesitaba”, cuenta.

Samir hoy profesa la religión cristiana, y afirma que cuando conoció al Señor pudo comprender muchas cosas. “La Biblia dice que debemos honrar a nuestros padres, no dice qué tipo de padres, si son buenos o malos, solo que debemos honrarlos para que nos vaya bien en la vida. Por eso yo lo honro a él y estoy muy agradecido”.

Este barranquillero nos insiste, una y otra vez, que no todas las personas son iguales y no es posible garantizar que otros niños también recibirán lo que busca la nueva ley, pero tampoco se despide sin antes decir: “independientemente de la condición de homosexualidad, yo a mi papá lo amo mucho. Yo sé que hay personas que no lo ven así, pero él es un ángel que Dios envió a mi vida”.


 

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