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Bienestar 06 de Agosto de 2013

Lámparas blancas: ¿Qué tanto daño causan?

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Todos deseamos tener una adecuada iluminación en nuestras casas u oficinas para nuestro bienestar. Pero, en realidad, es difícil obtener una completa satisfacción.

Hace algo más de dos décadas, se informó a la comunidad que las lámparas incandescentes (las amarillas) consumían mucha energía y que para ello se habían inventado las lámparas halógenas (las blancas) para ‘ayudarnos’ con los gastos familiares.

Incluso, el gobierno alcanzó a decretar una ley que aconsejaba —más no obligaba— cambiar los focos amarillos por los blancos para ahorrar energía y así disminuir los gastos del país.

Además, su color blanco ‘beneficia’ la concentración, impide el sueño al imitar la ‘luz día’ y permite tener una habitación más cómoda visualmente.

Pero, en estos momentos, ¿cuál se considera la iluminación adecuada en una habitación, si una iluminación confiable a menudo resulta en problemas de salud, así como en una mala de descarga de trabajo? Esto es lo que exige la necesidad de ser meticulosos cuando vamos a comprar cualquier bombilla.

“La elección de las lámparas de halogenuros metálicos podría ser una opción fiable para personas en busca de iluminación más brillante. Esto es debido al hecho de que son más brillantes y ayudan a dar más iluminación fiable básicamente”, indica Mónica Martínez, experta en arquitectura holística.

Sin embargo, se debe tener cuidado al utilizarlas. Existen varios riesgos para la salud si nos exponemos a ellas sin los respectivos cuidados.

Los dos tipos de lámpara halógena usados en la actualidad son R y T. El primero es el que representa la mayor amenaza cuando se usa en interiores. Estas lámparas no se extinguen cuando la bombilla está rota o agrietada. El tipo T se extingue por sí mismo, lo que significa que la lámpara dejará de iluminar cuando la bombilla está dañada, lo que reduce drásticamente el riesgo al utilizarlas.

“A nivel internacional, la Agencia de drogas y alimentos —FDA por sus siglas en inglés: Food and drug administration— insta a las instituciones a cambiar a lámparas halógenas tipo T para reducir el riesgo de lesiones asociadas a ellas. Pero, las lámparas tipo R aún son seguras para ambientes exteriores”, informa Alexander Santana, ingeniero eléctrico.

Por ello, lo primero que se debe hacer es educar sobre el uso de las lámparas de halogenuros metálicos correctamente.

“Las luces tienen una carcasa que puede causar graves problemas de salud en caso de rotura, por lo que es importante revisar si están dañadas antes de comprarlas, o si se ya están para ser desechadas no dejarlas —por descuido— al alcance de los niños o de ancianos”, recalca Santana.

Igualmente, a través de inspecciones frecuentes, se pueden identificar grietas en las lámparas y responder a tiempo para eludir daños que pueden resultar en problemas graves.
Pero si ya están usando las lámparas de halogenuros metálicos, la consideración de una cubierta de tubo fluorescente podría ser de gran ayuda.

¿La cubierta fabricante no es lo suficiente? No, no es fiable para una protección absoluta. Lo que exige la necesidad de utilizar siempre métodos alternativos para lograr una mayor protección cuando se utilizan estas lámparas.

“Tener instalada una gasa alrededor de las lámparas podría ayudar a reducir las probabilidades de interrupciones. Además, se puede optar por utilizar una pantalla UV más fuerte para proteger a las personas en caso de rotura”, dice Santana.

En el caso de los daños en la salud, los más populares son los causados a la piel: manchas y cáncer, así como las quemaduras por mala manipulación del aparato al colocarla o quitarla.

Cada vez son más las personas que no se exponen a los rayos ultravioletas del sol y, sin embargo, resultan con estas consecuencias. Y son debido a que en sus casas u oficinas tienen estas lámparas. Lo aconsejable en estos casos es optar por las lámparas tipo T y aún así usar protector solar.

“Los halogenuros metálicos emiten rayos ultravioleta de forma similar a la luz solar natural. Cuando el vidrio de una lámpara halógena se agrieta, la luz ultravioleta escapa y puede causar síntomas similares a quemaduras solares”, afirma Alberto Gómez, dermátologo.

“La exposición visual a estos rayos puede quemar las córneas, al igual que una llama de soldadura. Los problemas oculares relacionados con la exposición a luz ultravioleta, si son severos, pueden durar varios años o ser irreversibles en algunos casos”, certifica Gómez.

Por todo lo anterior, lo único que podemos decir es que el uso de estas lámparas no está prohibido, tampoco que son peligrosas, solo que se deben usar con precaución y teniendo los debidos cuidados para nuestro bienestar.

Por Angélica Conrado Cúdriz
Twitter: @AngieConrado

 

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