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Bienestar 16 de Julio de 2013

Los niños y la disforia de género, ¿identidad sexual en duda?

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Genéticamente confusas, se pueden tornar las situaciones en las que la condición física de una persona apunta hacia una dirección opuesta a la que señalan sus comportamientos. Sin embargo, es del correcto desarrollo del número y estructura de los cromosomas, 46 en el caso de los humanos, que depende la determinación del sexo de un individuo. Pero, ¿son las alteraciones en el orden de los gametos las únicas responsables de la existencia de mutaciones o anomalías en la conducta sexual?

De acuerdo con la psicóloga y terapeuta infantil Sandra González, historias como la de Coy Mathis, la niña estadounidense de seis años a la que le fue diagnosticado un trastorno de identidad sexual, tras negarse a ser tratada como un niño pese a tener genitales masculinos, son el reflejo de que las variaciones en la declaración de género no están estrechamente ligadas ni a la preferencia, ni a la educación; sino a la respuesta física de impulsos naturales.

“Una menor como Coy, evidentemente no está manifestando su inconformidad por rebeldía, ni por capricho. Son las sensaciones que experimenta, las que la llevan a rechazar la idea de ser vista como un hombre. Ella está defendiendo lo que siente, en una etapa en la que la inocencia domina sus actos, y en la que tachar de repudiables sus comportamientos sería retroceder, regresar al punto en el que se creía que los cambios de orientación eran aberraciones”, argumenta la experta, que señala a su vez que no se debe confundir la disforia o intersexualidad, con el ser homosexual, pues distan de ser producto de las mismas causas.

Mientras que psiquiátricamente la disforia de género es descrita como el disgusto frente al sexo biológico con el que se nace, partiendo de conceptos como el expuesto científicamente por el neozelandés John Money, en su libro Errores sexuales del cuerpo y síndromes relacionados, es posible comprender que “el género social es dualista y se codifica durante la infancia”.

El investigador, que además de haber sido pionero en estudios sobre niños intersexuales y la intención de ‘despatologizar’ la homosexualidad, es conocido por el análisis del hermafroditismo; el mismo que en distintas oportunidades ha sido foco de polémica, cuando medios masivos nacionales e internacionales han reseñado en sus espacios periodísticos detalles sobre sucesos como el de que se registró en junio de 2011, cuando una bebé de mes y medio de nacida, con genitales de ambos sexos, fue abandonada en un hospital del municipio de Chinchiná, Caldas.

El compromiso del Estado, cuando un niño con características hermafroditas ingresa a un centro de protección como el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, es el de garantizar que sea intervenido quirúrgicamente para “definir su sexo”. No obstante, el autorizar de inmediato el procedimiento médico no es lo más indicado cuando el menor aun no está en facultades de expresar su posición, como lo demostraron Pamela y John Mark Crawford, padres adoptivos de un estadounidense de ocho años que nació con órganos reproductivos masculinos y femeninos, quienes demandaron al Departamento de Servicios Sociales de Carolina del Sur, por extirpar los genitales de su hijo cuando este tenía apenas 16 meses.

“No existen razones médicas para que la decisión haya sido tomada en aquel momento”, alegó la familia Crawford. Entre tanto, el niño que se encuentra en edad escolar lucha por ser hombre, mientras sus partes íntimas responden a la estética femenina.

Según la terapeuta, “someter a un bebé en condición intersexual a una cirugía de asignación de género le roba la posibilidad de decidir por sí mismo”.

Aunque en materia médica lo que se modifica no es el sexo, sino la apariencia de sus órganos sexuales externos, a través de la reconstrucción genital y del inicio de un proceso inducido de remplazo hormonal, todavía no existe certeza de que puedan procrear, salvo por reportes como el de un hombre llamado Amidú, que dio a luz en Burkina Faso, en el occidente de África.

“Brindarles apoyo y prestar atención a sus comentarios y estados de ánimo, es importante para el desarrollo de estos menores. No debemos satanizar su condición, ni mucho menos convertirlos en motivo de burla o vergüenza”, concluyó la especialista.

Una de las operaciones más divulgadas médicamente, fue la practicada a un menor diagnosticado con hermanofroditismo verdadero, pues contaba con un ovario, trompas de falopio, vagina y un testículo. La documentación de este tipo de patologías ha propiciado en desarrollo de producciones como I am Jazz, la historia de una niña transgénero que será transmitida en un canal de salud internacional a finales de julio.

Texto: Éel María Angulo
Correo: eel.angulo@elheraldo.com.co

 

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