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Bienestar 04 de Junio de 2013

Los trastornos del sueño en los niños son normales, pero no para despreocuparse

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La mayoría de los niños tienen trastornos del sueño, solo que los padres y demás familiares no nos damos cuenta porque estamos dormidos, igual que ellos.

Ello no quiere decir que todos los niños las sufran o que sean, algunas de ellas, normales. Lo que sí es normal que es un niño las tenga entre los 8 y los 14 años, pero no por ellos los padres debemos despreocuparnos de si las sufren o no, porque podrían ser consecuencias no solo de un mal dormir, sino también de enfermedades que sí se deban tratar y tener pendientes.

“El sueño es un proceso activo en el que se observan varias fases diferenciadas entre sí por patrones de activación electroencefalográfica. Tiene funciones de consolidación de la memoria y de regulación endocrina”, dice el psiquiatra pediátrico Adolfo Ahumada Graubard, quien por más de dos décadas ha tratado estos tipos de situaciones en su consultorio en Barranquilla.

Las alteraciones del sueño están presentes en diversos cuadros clínicos, tales como las alteraciones de la conducta en la infancia y adolescencia, en ciertas enfermedades neurológicas, en síndromes que cursan con retraso mental y en otras enfermedades médicas, pero no significa eso que siempre que un niño tenga estos tipo de trastornos sea a causa de estas enfermedades.

En el niño pequeño, la ansiedad de separación y el estrés puede manifestarse con conductas de despertarse durante la noche, requerir la presencia de los padres, con pesadillas o no queriéndose ir a la cama.

El estrés es altamente perturbador del sueño en los niños, lo que quiere decir que reduciendo el estrés, dando seguridad, adoptando una actitud receptiva y de aceptación, apoyándola, pero, a su vez también marcando los límites de forma clara y consistente conseguiremos dar el refuerzo positivo necesario para una mejoría que permita el alivio de los síntomas.

Existen diferentes trastornos del sueño. Entre ellas encontramos las disomnias o insomnio, que afecta al 30% de niños hasta los 5 años. El 16.6% por causas médicas, como otitis, reflujo y/o medicamentosas, y el 83,3% restante, por causas conductuales, que generalmente es la más común.

Algunas formas predominantes son los problemas para irse a la cama y los despertares nocturnos, que son causados por condicionamientos negativos al dormir. Recordemos que los niños aprenden a dormir bajo condiciones específicas: acompañados por sus padres, ser mecidos o cargados.

En el caso de los parasomnias, encontramos los trastornos del despertar, que son muy frecuentes y consisten en pequeños despertares que desde una fase profunda del sueño dan paso a una fase superficial, y generalmente es un episodio único en la noche.

Las manifestaciones clínicas dramáticas hacen que los padres los interpreten como signos de enfermedad mental, pero no hay necesidad de tal preocupación.

Los despertares confusionales son episodios breves de comportamientos motores que ocurren sin una expresión emocional significativa y sin respuesta al ambiente circundante. Puede que el niño hable mientras duerme y después no se acuerde de nada.

El sonambulismo tiene una prevalencia del 10 al 20% en niños entre los tres y los 10 años, que por lo regular desaparece en la adolescencia y es consecuencia genética, es decir que sus padres lo hacían también cuando niños.

Por último, están los terrores nocturnos y la prevalencia en los niños es del 5% con episodios de intensa actividad motora, autonómica y afectiva. Pueden llorar, gritar, correr desesperadamente, y al despertar no acordarse de nada.

Ante estos trastornos lo más aconsejable es ir al psiquiatra, quien evaluará al niño y, si es necesario, trabajará de la mano con un psicólogo. Solo en casos extremos se le medicará”, dice el Dr. Ahumada Graubard.

Igualmente el profesional recomienda tener en cuenta ciertos parámetros psicoeducativos en estos casos, que ayudarán a que el niño tenga un sueño profundo y placentero.

La terapia consta de consejos sobre estilo de vida —como hacer ejercicio de manera regular y planificar actividades de ocio, que aporten un sentido de logro—, asesoramiento dietético y hábitos adecuados de descanso y sueño. En opinión del doctor Ahumada Graubard, la psicoeducación es importante porque “permite que el paciente recupere el control de su vida, tenga menos episodios y mucho más breves de estos trastornos, con lo que se recupera mucha calidad de vida”, concluye el especialista.

Texto: Angélica Conrado Cúdriz

 

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