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Bienestar 21 de Mayo de 2013

¿Qué hacer si mi hijo es obeso? Lo primordial es enseñarle buenos hábitos

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La obesidad infantil no sería una situación que resolver sino trajera consecuencias. Si los niños vivieran felices con esta enfermedad y si no se les presentaran inconvenientes, no sería un problema que tratar.

Pero, de hecho, los primeros cambios en ocurrir en los niños obesos son generalmente emocionales o psicológicos.

“Ellos generalmente sufren por las burlas de sus compañeros. Algunos son perseguidos o discriminados por su propia familia. Los estereotipos abundan y pueden llevar a baja autoestima y depresión”, dice Claudia Manzano, directora corporativa de nutrición de Alpina.

Por otro lado, Paola Yanquen, gerente corporativa de nutrición de la misma entidad, afirma que “la obesidad infantil puede conducir a síntomas graves que pueden amenazar la vida, como diabetes, presión alta, enfermedades cardiovasculares, problemas de sueño y cáncer, entre otros. Además, algunos de ellos también incluyen enfermedades del hígado, anorexia, bulimia, infecciones en la piel, asma y otros problemas respiratorios”.

Los estudios han demostrado que la obesidad en la adolescencia ha sido relacionada con elevados índices de mortalidad durante la vida adulta, precisamente porque un niño obeso, casi siempre, remite a un adulto obeso.

Pero, ¿qué debemos hacer los padres cuando tenemos un hijo obeso? Lo primero es asumir nuestra responsabilidad.

No es culpa del niño que él sea obeso, sino de los padres, quienes no le enseñan desde temprana edad la importancia de una sana alimentación. Y no con teoría, sino con la práctica y, muy especialmente, con el ejemplo. “El objetivo de la lucha contra la epidemia de obesidad infantil consiste en lograr un equilibrio calórico que se mantenga a lo largo de toda la vida”, dice Claudia Manzano.

El sobrepeso, la obesidad y otras enfermedades no transmisibles son, en gran medida, prevenibles. La prevención es la opción más viable para poner freno a la epidemia de obesidad infantil, pero no ayuda a quienes ya lo son. “Por lo que lo primero que debemos hacer es ir a un especialista que nos guíe de acuerdo a las necesidades nutricionales de cada niño de manera personalizada”, agrega Paola Yanquen.

Para frenar la obesidad infantil es necesario un compromiso sostenido y la colaboración de todas las partes interesadas, que comienza con el diagnóstico del especialista y el seguimiento de la adecuada nutrición de su paciente. Pero el más importante es el de los padres, quienes deberán concientizarse de que de ellos depende que el niño aprenda a cuidarse solo y empiece a involucrarse en la aplicación de estrategias sobre régimen alimentario, actividad física y salud.

Estrategia. Lo más importante es cambiar los hábitos alimenticios. El niño deberá aumentar el consumo de frutas y hortalizas, legumbres, cereales integrales y frutos secos; reducir la ingesta total de grasas y azúcares, y sustituir las grasas saturadas por las insaturadas.

Adicionalmente, deberá mantener una actividad física de mínimo 60 minutos diarios de intensidad moderada o vigorosa que sea adecuada para la fase de desarrollo y conste de actividades diversas. Para controlar el peso puede ser necesaria una mayor actividad física.

La principal bebida recomendada es el agua, más aun cuando los niños están conformados por este líquido principalmente. “Se recomienda que los lactantes y niños hasta los seis años de edad consuman como máximo seis onzas de jugo al día, debido a hallazgos que certifican que beber cantidades superiores se asocia con un aumento en la ingesta energética, desplazamiento de la leche o de alimentos nutritivos, disminución en la ingesta de vitaminas y minerales, particularmente aquellos vinculados con la salud ósea, tales como calcio y vitamina D, incremento de la malabsorción y diarrea crónica, afectación de la talla y predisposición a la obesidad, entre otras desventajas”, dice Yanquen.

Por último, en la infancia es común que los dulces sean uno de los principales atractivos en las rutinas de alimentación, por lo que es importante tener claro que estos deben ser un alimento ocasional y no constituir el eje de la alimentación del pequeño.

Texto: Angélica Conrado Cúdriz
Correo: angelica.conrado@elheraldo.co

 

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