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José Manuel González 20 de Marzo de 2019

¿Vives peleando con tu pareja?

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Cuando dos personas conviven peleando continuamente no pueden ser felices. No olvidemos que uno de los objetivos del ser humano es ser feliz y disfrutar de la creación.  

Las disputas cotidianas son una clara demostración de la insatisfacción que se produce por conflictos crónicos no solucionados o por incompatibilidades en la pareja.  Ambas situaciones pueden ser remediadas con un adecuado proceso terapéutico.

Hay conflictos sencillos que podrían ser fácilmente solucionados si ambos miembros de la pareja tuvieran la capacidad de comunicarse adecuadamente y conocieran los fundamentos de las técnicas para resolver problemas, pero como eso generalmente no ocurre, se comprometen en una lucha diaria que los desgasta y los lleva a llenarse de emociones (como la ira, el resentimiento, la decepción, etc.) que les impiden cada vez más actuar adecuadamente para resolver los problemas. Es un ciclo negativo que se vuelve cada vez más intenso y desagradable, en el cual la pareja se hace daño y afecta mucho a los hijos.

En ese momento es mucho más difícil resolver los problemas porque hay un agregado de perturbación que impide pensar lógicamente. La ira, la culpa, las decepciones o los resentimientos no son buenos consejeros, decían las abuelitas en su clara sabiduría ancestral. Por eso es muy importante adelantar acciones para recuperar la calma y poder ver las situaciones más claramente.

En un escenario de peleas constantes solo hay tres opciones básicas: resignarse a permanecer en el estado de desasosiego, buscar una ayuda externa para salir del ciclo negativo de peleas constantes o apartarse de la pareja por medio de una separación o divorcio.

Con respecto a la primera opción es bueno recordar que el malestar que producen las peleas cotidianas lleva a enfermedades psicosomáticas, como los dolores de cabeza, los trastornos de la digestión, la alteración del sueño, las alergias, la depresión (y los deseos de morir), entre otras muchas. Las investigaciones muestran que muchas consultas al médico, al psicólogo y al psiquiatra son la consecuencia directa de problemas con la pareja.

Con respecto a la segunda opción, es bueno recordar que la persona que más utilidad le saca a la situación problemática generalmente no quiere buscar ayuda externa porque teme perder los privilegios que obtiene del conflicto. Por eso, la persona más afectada es la primera que piensa en buscar una ayuda profesional, mientras que la otra persona sabotea esos deseos. En estos casos, lo importante es buscar el apoyo externo, aunque el otro no desee ir a terapia. Generalmente en estos casos el terapeuta le enseña al paciente cómo convencer a su pareja de la real necesidad de cambiar lo que están viviendo, y la pareja termina por hacer un proceso de crecimiento y fortalecimiento del matrimonio.

Por José Manuel González
Dir: Cra. 51B No. 94-334, consultorio 404 Barranquilla.
Celular: (57) 310 630 24 44
www.drjmgonzalez.com
@drjosegonzalez

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