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Paseo 15 de Julio de 2016

Careteando en el mar de los siete colores

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Foto: Shutterstock

Nadar en el acuaerio natural de San Andrés Islas es una grandiosa experiencia. Anímese a descubrir la diversidad de especies marinas que hay bajo el agua.

Sara Hernández C.
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El mundo que ven mis ojos ya no es tan ágil, el sonido que escucho no es tan agudo. Por el contrario, es más consistente, más tranquilo. La concepción de la realidad cambia en ese momento para quien, como yo, esté expuesto a una grandiosa experiencia: caretear en el acuario, en las islas de San Andrés.
 
La naturaleza es tan perfecta que pareciese que preparara ese momento para dimensionar la tonalidad de sus aguas, sus peces, sus plantas; y ajustara su mejor ‘cara’ para permitir que quien esté bajo la superficie marítima viva una experiencia inolvidable.
 
Desde que llegas al Acuario no hay relación de tiempo, no hay luz. Solo un impulso interno que grita que sumergirse en el agua es lo necesario para calmar la ansiedad. Una vez en el agua, una grandiosa vista que incluye distintas tonalidades azules puede apreciarse.
 
La profundidad del mar no supera los 50 centímetros, exceptuando algunos sectores más distantes, pues el suelo marino no es uniforme. A pocos metros de la orilla hay una zona rocosa, donde se concentran variedad de algas y, por ende, los peces que buscan alimento.
 
San Andrés
 
La temperatura del manto marino es cercana a los 25 grados aproximadamente, agradable, como si incitara a no salir de ella. El islote rocoso es una zona privilegiada, ya que por la ubicación de dos cayos en el sector, el oleaje es más débil, casi imperceptible. “Esta característica natural hace más atractiva la zona para turistas, pues facilita la observación de especies marítimas”, explica el biólogo Víctor Pinzón.
 
El espectáculo que ofrece el entorno es majestuoso. Al sumergirme en las cristalinas aguas solo siento mi respiración, lo que facilita que mis sentidos se concentren en grabar el ‘cuadro’ que tengo en frente: peces de distintos tamaños y colores nadando en distintas direcciones;  algunos lo hacen solos, otros en manada. Sus tamaños varían. Van desde la mitad de un dedo humano hasta, aproximadamente, los 25 centímetros. Parece una fiesta de colores, una dimensión desconocida de peces coralinos que abre sus puertas para ser descubierta.
 
Las distintas especies no te tocan, simplemente se exhiben alrededor de sus espectadores, como si supieran que están allí para ser admirados. En mi exploración logré ver peces amarillos, blancos, rosados, azules y un par muy similares a Nemo y Dory, los de las reconocidas películas infantiles. Los diversos tipos de corales y algas marinas en el sector inciden en el color de la superficie.  Así como las tonalidades de agua se dan por las distintas profundidades del mismo mar.
 
Respeto. El biólogo marino Víctor Pinzón explica que “el careteo es un deporte contemplativo, ejercicio que exige respeto por el hábitat, no porque sean especies peligrosas sino en pro de cuidar el ecosistema. Una zona rica en variedad en la que es prescindible no irrumpir en su cotidianidad”.
 
 
¿Cómo llegar?
El sitio está ubicado a cinco minutos en lancha partiendo desde el Muelle Casa de Cultura en la isla. Una vez en el pequeño islote un guía entrega las indicaciones para entrar al agua como el uso de zapatos cerrados o cubiertos y no tocar ciertas especies de algas pues, a manera de protección, reaccionan expulsando espinas al contacto humano. También el manejo adecuado de las basuras en el sector. En caso de no ir acompañado puede dejar sus cosas personales en unos casilleros. De ahí en adelante, usted podrá disfrutar de dos a tres horas de una fabulosa experiencia.

 

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