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Paseo 23 de Septiembre de 2016

Descubriendo Aruba, “la isla feliz del Caribe”

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Fotos: Cortesía Darlin Quiroz
Por: Inguel Julieth de la Rosa Vence
        *Enviada especial
 
Recorrer la isla de Aruba es pasear entre aguas cristalinas del mar Caribe que se confunden con un cielo azul y terrenos áridos que paren cientos de cactus. Desde el antiguo Faro California, en la punta noroeste, pasando por la céntrica ciudad de Oranjestad, hasta llegar al extremo sur en la histórica y artística San Nicolás, Aruba demuestra por qué es “la isla de la felicidad”.
 
En este rincón del Caribe, el cálido ambiente es resultado de un imponente sol que no da tregua, así como de la amabilidad de su gente, oriunda o descendiente de más de 90 nacionalidades, como nos diría Otmar Oduber, el ministro de Turismo, Transporte, Sector Primario y Cultura de Aruba.     
 
Además de las paradisíacas playas, la isla cuenta su historia en lugares bordeados de vegetación. A bordo de un carro particular o alquilado, una cuatrimoto para los aventureros o, como en mi caso, en una van de la Autoridad de Turismo de Aruba (ATA), podemos explorar el territorio, como las ruinas de una mina de oro, donde hace más de cien años explotaban el preciado metal para enviarlo a Europa. 
 
“Por aquí algunos pasan a gran velocidad y con música alta para no sentir la supuesta presencia de espíritus”, comenta Jasmine Maduro, responsable de las relaciones comerciales de ATA, mientras me pasea luego por la llamada laguna de los franceses, donde siglos atrás muchos indígenas isleños murieron en batallas con colonizadores de Francia.
 
Más adelante puedo adentrarme en la formación natural de rocas de Casibari, una de las evidencias de que Aruba es resultado de una erupción volcánica, como explica Jasmine. Al llegar a la punta más alta de esta acumulación de rocas, la panorámica de la isla habla por sí sola. Desde ahí se divisan coloridas casas, la vegetación y el cerro Hooiberg, donde habitantes y turistas suelen subir 550 escalones para ejercitar el cuerpo.
 
A propósito de la vegetación, como turista tampoco podía obviar el paso por el Aruba Aloe, un museo y fábrica de productos naturales hechos con esta planta, donde es posible caminar libremente entre extensos cultivos.
 
“El Aloe Vera es común en Latinoamérica y el Caribe. En tierras calientes puede crecer tres o cuatro veces más en comparación a climas fríos. Nunca es recomendable cortar las cinco hojas del centro, porque es el corazón de la sábila y podría morir”, explica poco a poco un arubiano de tez morena que enseña el poder curativo de esta planta a lo largo de la historia.
 
Por supuesto, un baño de mar y un descanso en la playa terminará sellando en la piel la magia de esta isla caribeña, dueña de la felicidad. 
 
Datos de turismo. Tenga en cuenta: El idioma no es una limitante para interactuar con la cálida población arubiana que naturalmente habla papiamento, inglés, español y holandés. En cuanto a las compras, debe saber que el florín es la moneda local, pero el dólar también es recibido en todos los establecimientos comerciales. Si quiere tener más información, visite www.aruba.com.
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